Crónica: Mi Madrid Extrema 2016

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madrid extrema 2016

madrid extrema

Era el objetivo que me marqué este año, cubrir los 170 Km de la Madrid Extrema Gran Fondo. El año pasado hice la versión corta, por lo que este año tocaba dar un pasito más. Y el objetivo se ha logrado, he acabado con un buen sabor de boca, con ganas de volver a hacerla, de seguir entrenando para sufrir un poquito menos al final. Cuando terminas una marcha y ya estás pensando en volver al año siguiente, es porque el recorrido engancha y aquí nos encontramos en una zona de la comunidad de Madrid muy bonita para la práctica del ciclismo, tanto por los paisajes como por las localidades por las que discurre.

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La marcha no se parece a la mayoría de las pruebas existentes a lo largo y ancho de la Península, que en gran medida parecen una etapa de montaña de alguna de las tres grandes rondas, aquí nos encontramos con un recorrido que recuerda a las clásicas de primavera, con subidas cortas pero de gran intensidad, carreteras estrechas de asfalto rugoso, subidas y bajadas constantes y tramos de pavé.

Y parece que este tipo de pruebas empieza a enganchar, el domingo por la mañana casi un millar de ciclistas nos encontrábamos al lado de la Plaza Mayor de Colmenar de Oreja, algunos para hacer el recorrido corto de 100 Km y otros para continuar y completar los casi 170 km del recorrido largo.

Salimos puntualmente a las 8:30 de la mañana, saliendo de Colmenar por la calle empedrada que más tarde ascenderíamos 2 veces los que optamos por la mayor de las distancias, dirección Aranjuez. El recorrido en esta zona es llano hasta que llegas al kilómetro 20 aproximadamente, donde empieza la primera subida del día, la cual se hace muy bien debido a que es tendida y estamos frescos, justo antes de llegar a Aranjuez damos la vuelta para volver a Colmenar de Oreja y dirigirnos desde allí hacia Villamanrique de Tajo. Este tramo tiene un descenso bastante traicionero si no lo conoces, tiene algunas curvas que hay que trazar muy bien puesto que son bastante cerradas y se pueden alcanzar grandes velocidades, yo vi como otro ciclista se salió recto en una de esas curvas, afortunadamente sin consecuencias.

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Una vez dejamos Villamanrique empieza lo serio, primeramente la subida al alto de la Nava, una subida de 10 km, teniendo algún descansillo en el recorrido y dejando lo más duro al final. Nada más coronar tenemos un rápido descenso y sin ningún tramo llano que haga de transición ni nada empezamos a subir el alto de Valdelaguna, donde se encontraba el primer avituallamiento. Esta subida no es muy larga, pero bastante exigente. En el momento que coronamos empezamos a circular en dirección a Morata de Tajuña por una carretera estrecha y con un firme bastante irregular, casi siempre el desnivel de la carretera es favorable, algunas zonas del descenso a Morata se volvieron bastante complicadas debido a que la carretera estaba mojada en algunos tramos, incluso en algún momento empezó a chispear, pero no fue nada serio.

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En Morata de Tajuña giramos a la derecha y tomamos la carretera que se dirige a Chinchón, un falso llano favorable hasta 10 kilómetros antes de la famosa localidad madrileña, momento en el cual la ruta se pone cuesta arriba. Si vas a hacer la marcha corta esta es la última subida larga del recorrido, se puede notar quien es el quiere acabar ya y quien está regulando para lo que viene en la segunda parte del recorrido. Esta subida es muy traicionera, la carretera no tiene un desnivel constante, por lo que es difícil coger un ritmo cómodo, además ya llevamos 80 kilómetros en las piernas y se empieza a notar.

Una vez hemos cruzado Chinchón, el tramo hasta Colmenar es muy rápido, entrando hacia el arco de llegada por el camino adoquinado por el que hemos salido, esta vez cuesta arriba. A mitad de esta subida se encontraba el segundo de los avituallamientos, en este paré a rellenar el bidón de agua y a comer un poco de fruta, me he acostumbrado a cargar con mi propio avituallamiento a base de barritas y geles, pero siempre es bueno comer algo de fruta para “lavar” el estómago de tanta química.

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Llegamos al arco que marca la meta para los que hacen la marcha corta, los que hacemos la larga giramos a la derecha, atravesamos la plaza y cruzamos la localidad dirección Belmonte de Tajo. Antes de llegar a Valdelaguna giramos a la derecha para afrontar la siguiente subida a el alto los Mármoles, que culmina cerca de Villarejo de Salvanés.

» Es una prueba joven a la que la falta madurar en algunos aspectos, pero tiene muy buenos mimbres «

Esta subida ya empieza a hacer mella, intentas regular porque sabes que los más duro está por llegar, pero hay veces que es imposible. Descendimos un tramo para a continuación subir hacia Carabaña, donde se encontraba el tercer avituallamiento, en el kilómetro 120 aproximadamente, en este también paré a comer un poco de fruta y beber algo de agua, no tardé ni cinco minutos en reemprender la marcha, que ahora nos hacía circular por la vía verde del Tajuña. Supongo que circular por aquí será una imposición por parte de alguna autoridad o algo así, lo digo porque por esa vía verde un domingo suele haber mucha gente y muchos niños, a lo mejor no es el mejor sitio para meter una marcha ciclista puesto que es bastante estrecha.

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Una vez llegado a Perales de Tajuña empieza lo “divertido” con el ascenso a el Alto de las Cabras. Una autentica pared de unos 4 o 5 kilómetros en donde empiezas a ver ciclistas haciendo eses para intentar rebajar el desnivel de una subida que sobrepasa con creces el 10% en diversos puntos. Una vez coronamos nos encontramos con un control de paso y con la organizador de la marcha para explicarnos que han suspendido la prueba y que el tiempo final será el tomado en ese punto. También nos indica que el recorrido sigue señalizado para todo aquel que quiera realizar el recorrido completo.

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Yo no me lo pensé, desde hace mucho tiempo me da exactamente igual tardar más o menos en hacer una marcha, por lo que lo del cronometraje me daba igual, me quedaban 30 kilómetros para terminar y no iba a atajar ahora para llegar antes, por lo que empecé a seguir las flechas (como hicieron otros muchos) para completar la marcha, que es a lo que había ido. Por lo que bajé hasta Perales y volvimos a coger la vía verde hasta que giramos a la izquierda para subir un muro de unos 2 kilómetros, un muro de esos que te hacen pensar que narices hago yo aquí. A mitad de la subida había otro ciclista en el suelo, acalambrado, pues fué rebasarle y empezar a darme amagos de calambre en el muslo izquierdo, antes de que llegase la temida rampa puse pié a tierra y me tomé un gel.

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En menos de un minuto ya estaba dando pedales otra vez pero con el miedo de que en cualquier momento se me podía quedar “enganchada” la pierna. Al final llegué arriba, y todo lo que sube baja, si la subida era dura la bajada era infame, con muchísimo desnivel, alguna curva complicada y arenilla en algunas zonas, mi corazón casi latía más rápido bajando que subiendo. Una vez terminada la bajada entramos otra vez en la carretera y nos dirigimos hacia Valdelaguna, había que subir otra vez la cuesta que atraviesa el pueblo, pero esta vez con un ritmo muchísimo menor al de la primera vez. Era el último achuchón, de ahí a Chinchón y de Chinchón a Colmenar, esto resonaba en mi cabeza durante toda la subida. Nada más coronar, por si no era suficiente, empieza a chispear, la verdad es que durante toda la mañana el cielo estuvo amagando con descargar, ahora no amagó, se vació entero durante todo el camino entre Valdelaguna y Chinchón, momento en el que paró y llegó a salir el sol. Atravesé Chinchón y a lo lejos podía ver Colmenar de Oreja, sólo me quedaba la subida de pavé, pero la verdad es que estaba deseando que llegara, eso indicaba que estaba cerca del final.

Cuando empezó el traqueteo de los adoquines ya no me dolían las piernas, sabía que había acabado, intenté cruzar la línea de meta con la mejor de mis caras pero fué imposible, llegué con la cara que pude.

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Sólo espero que al año que viene, o al otro, o al otro pueda volver a hacerla. Es una prueba joven a la que la falta madurar en algunos aspectos, pero tiene muy buenos mimbres. Es una marcha necesaria, desde mi punto de vista, porque la bicicleta no sólo es subir puertos, también son terrenos rompepiernas, y espero que estemos ante una prueba de la hablemos dentro de algunos años como una de clásicas dentro del mundillo cicloturista.