Big Ride de Manzaneda en primera persona

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Ahora veo claro por qué he tardado casi 5 días en ponerme a escribir esta crónica. Pensé que era una excusa para retrasar su entrega, pero ahora lo entiendo. Hace falta tiempo para saborear todo lo vivido en la Big Ride Manzaneda, viaje incluido.

Aunque alguno ya llevaba unos cuantos kilómetros desde Elche, el grupo completo (Antonio, Alfonso y yo) salió desde Madrid el viernes 7 y a pesar de ir por las vías más rápidas y con las últimas tecnologías por satélite dando por saco, no llegábamos nunca, y es que llegar a Manzaneda ya es un triunfo en sí. Llegamos casi el sábado, y después de recoger la llave del apartamento, el amable vigilante de la estación nos encontró un sitio donde cenar y hacer un poco de sobremesa, rodeados de orujo y un líquido verde radiactivo como lo llamaba la hija de la jefa. Si la estación sobrevive a esta época de crisis no debéis dejar de visitar, bien sea como restaurante o alojamiento, el Hostal “As Maceiras” que está en la Parroquia de San Lorenzo, camino de la estación, un diez en todo.

El sábado amaneció perfecto, desde el apartamento vemos gran parte de la estación, personalmente me recordó a nuestra Pinilla en pequeño, pensé que iba a ser una estación de esquí muy pelona, sin sombras, y todavía no tenía ni idea de lo que nos había preparado el equipo de la Big Ride. Después de desayunar e intentar definir una estrategia para la bajada de entrenamiento y la de clasificación, nos damos cuenta que toda la info que nos hace falta está en sus impresoras correspondientes…, allí puede estar.

Hacemos las fotos de rigor del campamento gitano que montamos en el apartamento, y bajamos a la carpa de inscripciones a recoger los dorsales y el merchandising de todo el evento. A pesar de no ser muy temprano, vemos muy poca gente y enseguida pensamos que por fin en esta avalancha nos vamos a llevar algo para casa…, ilusos. Por cierto la gente del paddock de Cannondale, muy maja. Mención especial a las chicas de la organización que al compañero Antonio le agasajaron con una tonelada de pegatinas (para que no se peleen los niños decía) y al resto con sonrisas.

A las 10 h. se abren los remontes y allí estamos todos preparados para la manga de entrenamiento. Lo primero que tienes que aprender es a colocar la bici en el telesilla puesto que no están preparados, la tienes que llevar encima, haciendo imposible la tarea de bajar la barra de seguridad. Se me venían a la cabeza los frenazos de las sillas de La Pinilla, si nos llega a pasar aquí más de uno probamos los vuelos de 15 metros, pero en cambio iban muy suaves, sin sobresaltos. El viaje hasta la última pilona con el sol de cara y la visión de la estación me pareció acojonante, durante la bajada había otros tramos, como el del bosque, con todas las piedras resbaladizas, que también me recordaban porque nos gusta esto. Días después es lo que sigo saboreando y con los compis pegando botes al lado, no tiene precio.

Una vez llegados a la línea de salida empezamos con la vuelta de entreno. Desde el principio compartimos la bajada con multitud de grupos con los que nos adelantamos continuamente, leyendo los tramos donde podemos ir mejor y donde meter el hachazo siempre que se tengan fuerzas y siempre que se pueda. Esto último me parece importante recordarlo porque siempre hay gente que se olvida del carácter de la carrera y se pasan por el forro las cintas, los singletracks y los tapones que casi todos solucionamos con un poco de paciencia. Todavía me ronda la duda de cómo algunos que salen de muy atrás consiguen terminar muy arriba. Y no me refiero a los ganadores que da igual de donde salgan, me refiero a los que les reprochamos este comportamiento durante la carrera y que todos sabemos quiénes son.

EL circuito se puede diferenciar en 2 bajadas, una técnica y otra más rally, aunque esta última incluye un par de tramos técnicos también. La primera termina en el parking de la estación y la segunda va desde el parking hasta la biblioteca del pueblo. El recorrido completo me ha parecido…, PERFECTO,  es decir para todos los gustos. Sigo buscando los 14 kms que se supone que tenía porque a mí me salían 11 y medio. Quizás demasiado tiempo la rueda delantera en el aire…, era lo que decían.

Hecho esto, toca prepararse para la clasificatoria. Al contrario que por la mañana tuvimos por la tarde una tormenta (unas gotas para los lugareños) que obligó a que se cerrara la estación y se improvisara la salida cerca del parking de la misma, acortando el circuito y dejando la parte más rallye. Mientras se planificaba esto, refugiados en la carpa de Cannondale, compartimos conversaciones sobre los viajes de algunos de los pata negra del circuito y sus vicisitudes que relajaban  la tensión y algún que otro esfínter. Gran momento.

Aprovechando un momento en el que la lluvia amaina, nos colocan por orden de dorsal sobre unas cintas improvisadas en el suelo y al grito de Avalancha arranca esta locura. Cerca de la salida se produce un primer tapón que hace que se estire la carrera y que se empiecen a definir las posiciones. Esta parte del circuito permite que haya adelantamientos porque tiene tramos más amplios que la técnica y también más rápidos. De hecho en uno de los tramos de llaneo más rápidos (más de  60 km/h) tras un problema con el cambio me desequilibro y me esnafro una leche que me recuerda porque me gusta esto, o porque no me gusta, o no lo sé. El caso es que me todavía me duele. Sin más consecuencias llego al pueblo y espero a los compis. Alfonso llega un poco después y Antonio no llega nunca. Resulta que en la salida se le enganchó la cinta que marcaba las calles en el cambio y hasta que deshizo el entuerto se le fueron unos minutos, que habría que sumar a sus salidas de cadena.

Ahora llega la parte en la que seguro que Guti y su team se pondrá a currar para mejorar la organización. Después de subir las bicis al camión, estamos casi una hora hasta que nos devuelven a la estación. Seguro que obedece a algo concreto, pero creo que es un punto a mejorar, puesto que se repite al día siguiente.

Después de ducharnos y con los moratones a flor de piel nos disponemos a cenar. Sin dudar nos largamos al restaurante del día anterior. Gran sorpresa cuando vemos que todo está petado de compañeros de avalancha, ambiente, cena y chupitos inmejorables. En la sobremesa nos ponemos a trabajar en la estrategia del día siguiente…, bueno, esto me lo acabo de inventar, ni se nos pasó por la cabeza.

Domingo, último día, ha llovido durante la noche y ha dejado todo el circuito cremita, no hay excusas para disfrutar de las 2 mangas que nos quedan, por muchos dolores que tengamos “no pain no gain” ,no podemos desperdiciar lo que nos queda, y vaya si lo hacemos. A pesar de los dolores, el entumecimiento de las manos de tanto frenar y volar, problemas y roturas de cambio conseguimos terminar las 2 mangas enteros y porque no decirlo, sintiéndonos los primeros. Después de la entrega de los chip nos agasajan con un papeo en una mesa enorme de Cannondale en una de las calles del pueblo en la que se aprecia como los paisanos aceptan esta locura. Entre cerveza, pimientos y tortillas compartes con todo el que te sale al paso, y descubres que, al margen de los ganadores (que también estaban entre nosotros), hay un millón de experiencias que de nuevo te vuelven a recordar porque nos gusta esto. Lo estoy escribiendo y sigo flipando a pesar de ser mi cuarta avalancha.

Duchita de bicis, duchita de cuerpos en el poli de la estación y después de despedirnos de todos los que nos encontramos, vuelta para casa.

Para terminar, enhorabuena a los campeones, agradecimientos a toda la organización y a todos los perjudicados que hemos conocido y por supuesto a Alfonso y Antonio, unos héroes en zapatillas. Y un nuevo objetivo para Guti y las próximas BIG RIDE…, ¡categoría Master 50 ya!. Todavía no me preocupa pero todo llega.

Nos vemos en la Pini.

Por Juan Jose Alonso y Alfonso Soto