Así vivimos la Sa Costa Brava 2019, una carrera de supervivencia

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Iberobike-Nectus-Así-vivimos-la-Sa-Costa-Brava-2019-una-carrera-de-supervivencia_5.jpg noviembre 5

Con todo el cuerpo dolorido me pongo a escribir la crónica de nuestra carrera, Sa Costa Brava 2019.

La segunda de las MTB Challenge Series acabó siendo una carrera de supervivencia donde no acababa delante solamente el más rápido sino el que no desfalleciera. 

Ciclobrava 2020

Tal y como os expliqué en el artículo previo, el día se presentaba muy feliz de disfrute con senderos de lujo y mucho flow pero la realidad que nos encontramos fue algo diferente.

Se agradece salir algo más tarde de lo habitual (9am para los de la Adventure, 10am para Marathon, 10:30am para Starter) así no hay que madrugar tanto y la temperatura es algo más suave.

Aunque amanecía en Palamós con un ambiente muy calmado, la meteorología se giraría radicalmente. 

Junto a Oliver volvemos a competir en equipo Iberobike y como en La Contrafort, no tenemos prisa en colocarnos tras el arco.

Preferimos salir más atrasados e ir remontando posiciones de forma natura que salir muy adelantados y sentir la presión en la nuca. 

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10am salida puntual y tras un par de curvas cerradas y varios embudos llegamos a pista rodadora donde pongo la directa (sin pasarnos de vueltas) para ir pasando corredores.

Éstos primeros kilómetros son muy rápidos y prácticamente llanos, hasta el kilómetro 6 donde empieza a picar hacia arriba.

Vamos regulando sin quemar cartuchos innecesarios subiendo por los senderos (muchos de ellos embarrados) y bajando tramos de pista para enlazar otro sendero de subida.

Tras unos quince kilómetros y prácticamente una hora me viene una duda a la cabeza, “Yo recordaba este terreno mucho más divertido, de flow”. 

Con sólo una hora ya vimos que iba a ser más un día de batalla que uno de fiesta

La sensación que te quedaba era de subir fuerte por sendero, muchas veces técnico, rocoso y resbaladizo por el barro, y bajar por pista con rocas grandes y sueltas, donde tenías que trazar muy bien, agarrarte fuerte al manillar y rezar para que la bici no te hiciera un extraño no controlable. 

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Esto no significa que no hubiera tramos de senderos idílicos y muy juguetones donde se te plantaba una sonrisa de oreja a oreja, que los hubo.

Hacia el km22 pasamos el primer avituallamientos sin pararnos. Las sensaciones aún son buenas y los bidones van bastante llenos. 

A partir de ahora es cuando se pondría la cosa seria

Voy con sensación agotamiento, sin demasiadas fuerzas y sin esa frescura que tengo en los inicios. Lo achaco a la temperatura, que ha refrescado y yo rindo mejor con calor; o al hecho de haber dormido apenas cuatro horas, qué sé yo pero en mi cabeza sólo se repite una frase “que se acabe pronto”. 

Sobre el kilómetro 32 llegamos a la primera encerrona del día, hay que cruzar una riera.

Y pensaréis, qué tiene de especial, ¿no? 

Pues que no tenía trazada para pasar pedaleando y el agua te llegaba hasta la cintura.

Te quedas con cara de circunstancia y con los pies y culo chorreando pero te acabas riendo de la situación y continúas.

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De perdidos al río

Tras este punto empezaría en serio el festival del barro con grandes zonas totalmente pantanoso donde patinaba la rueda y te quedabas pedaleando sin moverte del sitio.

Para colmo de males empieza a llover intensamente. Venga!!! “From lost to the river”.

La situación empeora, los senderos siguen siendo técnicos pero ahora más embarrados y, con las rocas y raíces mojadas, mucho más resbaladizos. A la que veías un muro por donde se subía, ya ni lo intentábamos, pié al suelo y a correr hacia arriba (al estilo ciclocross).

En el km35 llegamos al segundo avituallamiento y en este sí paramos a comer, un par de vasos de Cola y un buen puñado de gominolas. Azúcar directa para salir del pozo llamado pájara. 

Y así fue ya que pareció que la sensación de agotamiento que arrastraba casi desde el inició remitió y empecé a encontrarme mejor.

Por delante nos quedaban otros treinta kilómetros y tres grandes picos en el perfil. 

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De vueltas a senderos estrechos, de sube-baja, con terreno…. “delicado”, íbamos a rueda de un rival directo en categoría de equipos con el que estuvimos jugando al ratón y al gato durante toda la mañana.

Instantes antes iba yo en cabeza, disfrutando de la bajada, sacando provecho a mis entrenos en el “laberinto de Togores”, rozando ramas y árboles apurando la trazada y sacando distancia pero a la que pude echar la vista atrás vi que no era mi compañero el que llevaba a rueda me aparté un poco para dejarlo pasar y esperarlo. 

Error ya que Oliver iba justo detrás y este corredor nos iría haciendo tapón. 

No sabría decir con exactitud en qué punto pudimos adelantarlo porque cuando vas tan concentrado en no perder las trazadas, en subir piedra aquí, rama allá, etc., el tiempo y los kilómetros pasan volando

Lo que sí sé es que sobre el km50, antes de iniciar el penúltimo pico importante del perfil ya íbamos por delante, entrando de nuevo a sendero de subida y con Oliver marcándome el camino.

Cogimos nuestro ritmo intentando apretar todo lo posible para sacar distancia y asegurarnos la posición frente a ellos.

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Paramos en el último avituallamiento a reponer algo de fuerzas y tras un par de minutos llega el pequeño pelotón de rivales directos. Justo! Nosotros ya nos íbamos.

Segundos antes, sin pararse, habían pasado equipo Suria Bicis que adelantamos metros después porque habían parado por problemas mecánicos con la cadena. Con estos pelearíamos en meta.

No habrían grandes desniveles pero con las fuerzas justas cualquier repechoncillo se te hacía un Tourmalet. Pero lo delicado ya no eran las subidas sino las bajadas.

De vuelta a la trialera rocosa, mojada y resbaladiza, donde yo estoy más acostumbrado que Oliver por la zona por donde me muevo habitualmente y gracias a la BH Ultimate que con la geometría tan lograda hace que sea mucho más estable y fácil de controlar. He notado una grandísima diferencia respecto a la que tenía antes.

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Acabamos la zona técnica, llegamos a pistas y nos acercamos al final. No podemos bajar la guardia y más cuando llegamos a un tramo de riera que era un pantanal.

Intentabas buscar la zona más seca pero aquello era un baile de rodadas, no sabías cual era la mejor ni podías seguir ninguna. Era cuestión de supervivencia y no acabar poniendo pie al suelo o no podrías volver a calar.

Tras esto llegamos al asfalto y al jaleo de calles donde en un pequeño despiste bajamos de la bici para subir un tramo de escaleras. Justo nos pasa un pequeño grupo de unos tres corredores, entre ellos los dos del equipo Suria Bicis. Fuck!

Salimos al paseo marítimo de Palamós y vemos el arco a lo lejos. Veo hueco y miro a Oliver. No podía dejar que después de pelear durante toda la mañana entraran segundos antes. Piñones abajo y sin mirar atrás.

Vacíos entramos en meta, con un tiempo de 4h35’ arañando un par de segundos al equipo Suria pero entrando como el cuarto mejor equipo de la clasificación general y a menos de cinco minutos de los terceros. 

La verdad es que nos sorprende haber ido tan bien cuando la sensación era de ir arrastrándonos. Sin duda toda una carrera de supervivencia.

Hoy, con todo el cuerpo dolorido, con brazos y piernas arañados, solo queda lamerse las heridas y permitirse el lujo de holgazanear un par de días pensando ya la siguiente, La Santa Vall 2020, y sobretodo esperando saber si habrá clasificación de las cuatro mtb Challenge Series y en caso afirmativo ver dónde estamos. 

ABUS Game Changer

SALUD Y PEDALES.