Un día con muchas luces y sombras. Crónica La Santa Vall 2020

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Iberobike Nectus Crónica La Santa Vall 2020_6

La Santa Vall 2020, la primera carrera del año y la cabeza no suele estar lo preparada que debería.

No tenemos esa mezcla de emoción y nervios previa a la salida y nos entretenemos saludando a las muchas caras conocidas que vamos viendo. Esta carrera ha creado tal fama que quien la prueba repite año tras año (en mi caso ya van tres).

Acabamos atrás del todo del pelotón, saliendo prácticamente los últimos, aunque tampoco nos preocupaba en ese momento (inocentes… No sabíamos lo que nos esperaba).

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Pensábamos que en los primeros kilómetros meterían una subida pistera y se haría una selección natural pero nada mas alejado de la realidad.

Los primeros cinco kilómetros llanos de pista ancha, terreno gravel los cuales habían salido una hora antes.

Vamos tranquilos, adelantado cuando se podía pero sin estrés por estar treinta centímetros por delante poniendo en riesgo a los demás, pensando como decía que pronto vendría la subida. Y sí, esa llegó, pero en forma de sendero. 

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Y pensaréis: “¿qué problema hay? ¿No es a lo que venías?”

Pues bien sencillo, mete a unas 500 personas en fila de a uno. Resultado, efecto acordeón. Para los primeros es poner pié y continuar, para nosotros que estábamos tan atrás se traduce en diez minutos parados (y no exagero, diez minutos). 

Sendero de un palmo, una sola trazada, y por mucho que quisieras, te aguantabas y chupabas rueda. En el primer tapón piensas “bueno, no pasa nada”, cuando llevas media hora a base de arranca/para y viendo el que el terreno no tiene más complicación te empiezan a subir los demonios. 

¿Y quién tiene la culpa? Nosotros. Por inocentes, por pensar que habría una subida dura y pistera al principio para estirar el pelotón antes de entrar en zona estrecha. 

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Salimos a pista donde podemos acelerar. Voy como alma que lleva al diablo pero voy controlando que mi compañero Oliver no se quede. Intento adelantar todo lo posible antes de entrar en el siguiente sendero. 

Pasamos el primer avituallamiento de La Santa Vall sin parar y viene una dura subida pistera donde adelanto a un par por la trazada sucia. Al coronar aflojo para que llegue mi compañero, y veo venir rápido a otro corredor.

No quiero molestar y me aparto un poco, lo dejo pasar, y justo detrás venía Oli. Entramos en zona estrecha de subida y ese corredor que me acaba de adelantar como si no hubiese un mañana sube dos piñones y se pone a pedalear casi parado. 

¿En serio? Tanta prisa para esto.

No me importa que subas piñones al venir una zona de subida, lo que me molesta es que quieras pasarme arrancando pegatinas para que un metro después me hagas tapón y vayas cruzando la trazada para no dejarme pasar.

¿En serio? ¿Acaso te estás jugando la copa del mundo?

“En fin, paso, para ti haces. Me mantengo a rueda y ya te adelantaré cuando pueda.”

En un punto de la subida donde hace una trazada que sólo él comprende, se me cruza de tal manera que pongo pié después de clavar frenos para no acabar en el suelo.

En ese momento Oli salva la situación como puede y nos adelanta a los dos tirando por lo recto, quedando delante de susodicho y yo por detrás.

Se acaba el sendero de subida y toca bajar. Ahora es tramo de sendero ancho pero con sólo una trazada posible. Me sigue haciendo tapón y bajo sin pedalear para que oiga le run-run del buje. Nada. Nos da el sol de espaldas y me pongo de tal manera que vea mi sombra prácticamente en paralelo con la suya.

Nada. No sé si no se da cuenta o es que pasa de todo pero empiezo a asomarle la rueda. Nada. No quería llegar a tanto pero le digo en voz alta y de forma educada que me deje pasar cuando pueda. NADA.

¡Será posible! ¿Tanto cuesta frenar un poco, apartarte veinte centímetros a la derecha y dejar pasar?

Pues nada, él ahí, erre que erre, y hasta que no acabó toda la bajada y enlazamos a un rampote de pista no pude pasarle, encendido, con los demonios sueltos y mascando entre dientes un “¡a tomar por culo ya!”. 

No es por sonar pretencioso ni que yo tenga un nivel de ganar pero yo soy el primero que si veo (y sobre todo noto) que voy haciendo tapón pregunto al de atrás si quiere pasar y en cuanto pueda me aparto, por eso me toca tanto la moral cuando te topas con gente así que piensan que se están disputando el liderato y ocurren estas situaciones. 

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En fin, llevamos 23km sufriendo un tapón tras otro pero parece que ya tenemos terreno libre por delante y podemos disfrutar de los próximos dos kilómetros de senderazo paradisíaco.

Trazada de palmo, entre árboles, haciendo bailar la bici para poder pasar sin rozar manillar. Ya sabéis de lo que hablo, ¿os lo estáis imaginando verdad?

Pues eso, ocho minutos de gozo y diversión total antes de volver a pista.

Un par de kilómetros de pista gravelera paralelos al río Ter viendo el destrozo que ha hecho el último temporal antes de la última emboscada en forma de un 37%.

Calentón de los guapos

Tras esto, poco más antes de llegar a Sant Gregori donde había un nuevo avituallamiento y la meta antes de completar el los 35km y 800m de desnivel que faltaban. 

Nosotros lo dejamos aquí. La cabeza no acompañaba, los veinticinco kilómetros iniciales de tapones no ayudaban, ver constantemente corredores parados por averías o caídas decantaba la balanza.

Podríamos haber acabado tirando de épica pero no había coco para seguir sufriendo durante casi tres horas más, y pasar por meta a medio recorrido nos acabó de decidir.

35km con casi 800 metros de desnivel en 2 horas 17 minutos perdiendo un total de quince minutos parados.

Está claro que no era nuestro día, terreno ideal, buena temperatura, solecito, un recorrido top pero nosotros no estábamos mucho por la labor. Lo que tenemos claro es que queda pendiente volver un fin de semana cualquiera y vivir y disfrutar del track sin prisas y a nuestro ritmo.

Próxima parada, Barcelona Mtb Challenge y esta vez sin excusas.

SALUD Y PEDALES.

Dr.Nectus