¿Si no hay caída, no hay sanción? El codazo de Sam Bennett a Caleb Ewan en el Tour

Un instinto que solo se ve cuando hay tragedia, fama o dinero de por medio.

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Momento en el que Caleb Ewan supera a Sam Bennett y este saca su codo para entorpecer el paso de su compañero en el esprín de la tercera etapa del Tour de Francia.

O si no hay perdida de tiempo o posición. Lo mismo da.

El apretadísimo esprín de ayer en la tercera etapa del Tour de Francia 2020, donde el pequeño australiano Caleb Ewan se metió entre sus compañeros y las vallas publicitarias para alzarse con la victoria, también pudimos ver de nuevo esos codos de los que tanto nos alarmamos en la caída de Fabio Jakobsen.

Pero claro a Ewan, escurridizo como una lagartija, no van a haber codos suficientes que le pare en este Tour.

El último hombre que tuvo que superar fue al velocista Sam Bennett, quién le sacaba unos cuantos metros a todos sus rivales y tenía la victoria en su bolsillo, o eso creyó hasta que notó el aliento de Ewan en su nuca.

Los esprínters cuentan con un radar tan sensible como el de los murciélagos, capaces de detectar cualquier cosa en movimiento en 360º y rodando a más de 70 km/h en pleno esfuerzo.

Bennett ya ha sido sancionado alguna vez por intentar tirar a otros compañeros, como ocurrió este mismo año cuando la emprendió a codazos con Nairo Quintana en la París-Niza.

El instinto se puede reeducar

Está claro que ningún ciclista quiere que otro sufra una caída, pero no nos engañemos, cuando sacan los codos en los esprínes o meten los hombros, no es para tirar al compañero, es para cerrarle el paso y poder ganar ellos.

Estos gestos, con la tensión del momento, el cerebro y los músculos trabajando al 300%, y el ansia de victoria, suelen ser instintivos. Aunque más bien diría que son movimientos aprendidos durante largos años y que nadie se ha preocupado de limar y corregir.

La caída de Fabio Jakobsen, provocada por uno de estos codazos, ha marcado un antes y un después en el ciclismo profesional.

Pero en realidad parece que nada ha cambiado, al menos de cara al público.

Si no hay caída, si no hay perjuicio, si no hay daño, nadie se queja, ni ciclistas, ni organizador, ni la UCI, ni tan si quiera los propios ciclistas.

No se le puede llamar ni tan si quiera hipocresía. Es más un reflejo de la sociedad actual, que solo se mueve si alguien la mueve. Pero esto ya es otro tipo de «enfermedad» del siglo XXI.

Meterse en un esprín es peligroso, eso todo el mundo lo sabe, pero meterse en un esprín con ciclistas que no han sido reeducados y que lo hacen igual que lo han hecho siempre, no es un riesgo, es un suicidio.

Os dejamos varios vídeos desde diferentes ángulos y cámaras del esprín de ayer.