5G, dopaje tecnológico, Evenepoel, la UCI, pinganillos y el monstruo las galletas

¿Veremos cascos cubiertos con papel de aluminio?

1417
5G, dopaje tecnológico, Evenepoel, la UCI, pinganillos y el monstruo las galletas
Cuando la UCI desconoce algo o no puede controlarlo, lo más sencillo es prohibirlo.

Que los ciclistas profesionales o no hacen trampas lo sabemos todos. Si se hacen trampas en carreras de Enduro local y hay ciclistas dopados hasta en las marchas cicloturistas menos duras, no se de qué nos asombramos cuando se conoce la noticia de un nuevo ciclista «dopado».

Con el dopaje tecnológico sucede algo que no ocurría con el dopaje físico, y es que al no perjudicar en ese aspecto (físicamente) al ciclista, parece que es algo más lícito, y que de alguna manera u otra, instituciones o empresas como la WADA o la propia UCI, están frenando el avance del ciclismo de la mano de la tecnología con cazas de brujas como la que está ocurriendo con Evenepoel y su famoso modem 4G.

Solo hay que parar un momento la máquina y ponerse a pensar el qué pasaría si…

El famoso 5G ya está entre nosotros, nos lo ha dicho Miguel Bosé. El Internet de las cosas o de las máquinas. Y te preguntarás que tiene que ver esto con el ciclismo profesional. Pues más de lo que te puedas y quieras imaginar.

Bicicletas conectadas con los coches, las motos, los caminos, las señales de tráfico, y no solo las bicicletas, los potenciómetros, los pulsómetros, las gafas, e incluso los motores de las bicicletas eléctricas.

Imagina que Remco Evenepoel está compitiendo en la Clasica de Lombardía. Faltan 10 kilómetros para el final de carrera y se encuentra en el grupo de cabeza. Si su jefe de equipo puede ver como está el tanque de energía, puede indicarle en que punto puede atacar y mantener ciertos watios, incluso decirle cuando quedan tres kilómetros a meta que va sobrado y aun puede ir un poco más rápido, o que no lo intente porque petará.

Esto multiplicado por ejemplo con un equipo de 8 ciclistas en la misma carrera, se puede controlar cada watio de cada corredor para beneficiar al líder y derrotar a los rivales, quienes en teoría, no pueden conocer dichos datos.

Este es solo un pequeño ejemplo de lo que se puede hacer cuando todos los ciclistas de un mismo equipo están conectados entre sí con el ordenador del director deportivo que van en el coche tras de ellos.

Y no solo esto, estando conectados a Internet, ya sea con un modem 3, 4 o 5G, como el que se supone sacaron del bolsillo del maillot de Evenepoel, no hace falta que quien dirija a los corredores se encuentre en carrera. Podría estar en la otra punta del mundo, o un super-ordenador hacer los cálculos más oportunos y tomar las decisiones mucho más rápido que una persona.

Utilidades hay muchas, y no solo para atacar y ganar una etapa, también para recuperar, para ahorrar fuerzas en las etapas más largas o en carreras de varias semanas como el Tour de Francia. Se puede planear la carrera con datos e infinitas probabilidades, e incluso con inteligencia artificial.

El fin del pinganillo

Aquí el problema no reside en quien determina o no qué es dopaje tecnológico y que no.

La tecnología está ahí, se puede mejorar mucho, pero hay ciertos intereses en que esto no ocurra.

Hemos visto como las primeras etapas de este Tour de Francia 2020 eran algo más que aburridas. ¿Quién te dice que no era un ordenador el que daba las órdenes de no mover un músculo hasta que otro no lo moviese para ahorrar fuerzas de cara a las etapas más duras?.

Según el polémico Manolo Saiz:

«La tecnología es algo maravilloso que nos acercaría a la F1 con 1000 veces menos presupuestos! Perdón que estamos en un deporte de carcas ⁦@UCI_cycling⁩»

Y parte de razón tiene, aunque con matices.

Para entender a la UCI y sus tentáculos, hemos de saber que si ellos no saben como funciona algo y sobre todo, como le pueden sacar provecho económico, por norma general lo prohíben.

Ha pasado antes y seguirá pasando. Cuando descurban el pastel de las comunicaciones entre bicicletas, ciclistas y coches de equipo, cundo puedan hacer un manual de uso en competición y cuando sepan sacar dinero de ello, lo permitirán.

Y es que la tecnología como la vida sigue su curso, y el que no se sube al carro de ella, al menos en el mundo civilizado y urbano, quedará relegado.

La pérdida de la esencia del ciclismo

Por otro lado tenemos a los mal denominados puristas o clásicos (carcas como los llama Saiz).

Todos sabemos que el ciclismo sin pinganillos era mejor, pero ese «mejor» solo es aplicable al aficionado, o mejor dicho, al tele-espectador, pues que un ciclista lleve un pinganillo o un modem 5G en el bolsillo del maillot poco importa a quien está animando en la cuneta.

Pero por otro lado beneficia a los ciclistas, a los equipos buscando resultados en forma de victoria, y como no, a las marcas y fabricantes de bicicletas y componentes.

Denominarlo dopaje tecnológico no es un error, pues ahora mismo según la UCI, utilizar estos aparatos está prohibido, ya que pueden mejorar el rendimiento y el crono en cualquier competición, sobre todo si el resto de rivales no monitorea los datos de sus ciclistas.

Pero en breve, cuando se descubra el pastel y los equipos, los ciclistas, y la gran mayoría de aficiondos comiencen a presionar a la UCI, este dopaje tecnológico pasará a llamarse mejoras tecnológicas en el ciclismo o algo similar, dejando de estar prohibidas.

Quizás si esos datos que se monitorean de cada ciclista se hiciesen públicos, siendo visibles en tiempo real por todos los ciclistas, la propia organización e incluso los aficionados, sería todo más fácil e igualado para todos.

En una gran vuelta, los equipos ciclistas controlan al milímetro todo, desde la bebida o la comida, siguiendo una dieta según la etapa, las horas de sueño, el estado del corredor y las circunstancias de carrera, pasando por la bicicleta a utilizar, los desarrollos, los medicamentos y suplementos «legales» que debe tomar cada uno, y como no, el momento oportuno donde lanzar el ataque para derrotar al rival.

Ahora mismo esos datos son herméticos, jugando unos con ventaja sobre otros, ya que no todos pueden permitirse este tipo de control tan exhaustivo e individual sobre cada ciclista.

Se habla incluso de robo de datos e información, hackeos e incluso el lanzamiento aleatorio de «fake news» y rumores con el fin de engañar y debilitar al rival de una manera u otra en los momentos clave.

Señales Wifi en el pelotón

El último rumor es el publicado en un medio italiano, en el que se afirma que un juez árbitro del Tour de Francia afirma que la UCI tiene serias sospechas de que Remco Evenepoel pudiese haber llevado un transmisor en su maillot en forma de modem 4G.

Con el, todos los datos referentes de su bicicleta y estado físico podían ser enviados al coche de equipo para tomar decisiones por el corredor.

Según este juez, estando en la caravana ciclista, muy cerca del pelotón, su teléfono móvil detectaba ciertas redes wifi y no sabía de donde procedían.

Siendo la UCI, no nos extraña que no tengan mucha idea de estas cosas, como parecen no tener de otras realidades, haciendo la vista gorda también cuando les interesa.

Los coches que se utilizan en grandes vueltas como el Tour, e incluso en competiciones locales, los coches suelen ser de marcas que patrocinan la prueba de alguna manera u otra.

Estos coches no tienen 20 años, sino que son los últimos modelos, los que interesa que se vean por el gran publico, y no suelen ser tampoco modelos base.

Los coches actuales cuentan la mayoría con conexión a internet, y el resto con la posibilidad de ponerles una tarjeta SIM 4G que lo único que hace es conectar el coche a internet y que este emita una señal wireless para que sus ocupantes puedan disfrutar de la conexión compartida.

Por otro lado, cualquier dispositivo actual cuenta o con conexión bluetooth o con wifi, desde pulsómetros, teléfonos móviles, altavoces, y hasta la aspiradora de casa.

En un pelotón de ciclistas y la caravana que les precede, no solo hay una señal wifi o dos, hay bastantes más por no decir que en medio del campo te puedes encontrar redes wifi sin saber muy bien de donde proceden.

Por otro lado, si un equipo quiere ocultar una señal wifi, las tecnologías wifi de hoy en día permiten oculatarlas para que no sean escaneadas pese a que estas están cifradas. Vamos, que si un equipo quiere hacer trampas con el wifi, no creo que dejen este abierto o sin ocultar el ID.

Y como comentaba antes, que un juez vea señales wifi es como si yo te digo que veo ovnis por las noches. La conexión wifi o wireless se da entre dos aparatos a cierta distancia, normalmente, salvo que tengas una antena específica y bastante voluminosa, menos de 100 metros.

Si la conexión es 4G o 5G, da igual donde esté el que reciba los datos, pues como digo, puede estar corriendo en Francia y analizando los datos en un ordenador situado en Australia o en las Bahamas.

La UCI como siempre va dando palos de ciego a base de prohibiciones por desconocimiento de las tecnologías actuales.

Quizás deberían pedir asesoramiento a Miguel Bosé.