Aquel bocadillo de chorizo. El dopaje en pruebas amateur

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Soy raro, no es pregunta, lo afirmo. Ya que debo ser el único que no se asusta de que a estas alturas del partido a la UCI, tarde como siempre, le salten las alarmas por “indicios” de dopaje en el ámbito del ciclismo amateur o no competitivo. Todo parece ser que las “sospechas” han venido porque les cuesta creerse que los amateurs vayan como un cohete, alcanzando velocidades de crucero medias cercanas a la velocidad del sonido, o mach 1 que dirían los fans frikis de Top Gun.

Como digo, han tardado y mucho, pues el hacer trampas va en nuestra condición humana y más en la compleja personalidad del españolito medio, tan acostumbrado a coger el atajo, pegar empujones y poner la zancadilla en todo aquello que pueda suponerle un posible obstáculo para alcanzar su meta.

«El ciclismo sin trampas es como una Noche Vieja sin borrachos, impensable.»

Esto no es algo nuevo, ni en el mundo profesional ni el amateur. El dopaje y el ciclismo siempre han ido de la mano, son como Heidi y Pedro, Epi y Blas o Forest Gum con su caja de bombones, así que ahora que no me venga la UCI con “sospechas” ni “indicios” de posible consumo de EPO. Pues quién más o quién menos sabe en su barrio (sin generalizar) en que gimnasio o que preparador físico puede proporcionarle una “ayudita extra” para potenciar su limitada condición física (y mental).

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El ciclismo sin trampas es como una Noche Vieja sin borrachos, impensable. Y es que los culpables de toda esta moda desde los comienzos de las competiciones ciclistas han sido los propios profesionales, sus directores y por supuesto, jueces. Si desde aquellos comienzos de los primeros Tours de Francia, Giros y Vuelta, donde los ciclistas se ponían hasta arriba de cocaína o ya más tarde donde se fumaban hasta las plantas de los floreros para “abrir los pulmones”, siempre se ha buscado la vía fácil para hacer “más llevadero” nuestro sufrimiento encima de la bici. Y esto no es de recibo, pues el deporte como tal debe representar unos valores éticos, entre ellos el de practicar y fomentar un deporte limpio. Y que como deporte limpio yo la mayoría de practicantes de cualquier deporte, entendemos aquel que se realiza solo bajo el esfuerzo y entreno del propio deportista, sin ayudas externas de ningún tipo ni clase. Y es por esto, que nosotros, los del Cola-Cao con galletas y frutos secos en el bolsillo del maillot exigimos más controles en las pruebas amateurs y sanciones ejemplares y duras, porque no queremos que el ámbito del deporte no competitivo caiga en los mismos errores que el deporte profesional, faltaría más. Por cierto, el bolsillo del maillot al que me refiero tiene también la sorprendente capacidad de poder albergar los restos de comida y envoltorios que utilizamos en nuestras rutas y marchas, no hace falta llenar el monte de basura.

La 45ª Granfondo Milán–San Remo Cicloturista

Ahora nos llevamos las manos a la cabeza por posibles casos de EPO en las marchas cicloturístas y otros deportes de moda como el triatlón o carreras de montaña. Pero no olvidemos que con permiso de la UCI y otros organismos antidopaje seguimos consumiendo otro tipo de «drogas», eso sí, permitidas por estas organizaciones, con lo que son “legales” a ojos de estos organismos. Lo que no llego a entender es quién delimita y qué criterios utiliza a la hora de diferenciar unas sustancias de otras. Que si bien por sus efectos la mayoría es fácil identificar y ponerla a un lado de la lista u otro, hay ciertos grupos de drogas que no están muy claro en que lado habría que ponerlas. Quién tiene la responsabilidad de decir cual es legal y cual no.

El deportista amateur, semiprofesional o más en abundancia los pro-domingueros encabezan ese nuevo ámbito de consumo de sustancias de laboratorio que les hacen ser un poquito más superhéroes (o eso se piensan ellos). Ya sea carnitina, proteína de bote, EPO, etc. o cualquier otra sustancia de laboratorio, sea vendida en farmacia o por tu colega camello que te promete que con eso volaras sin cansarte, todo es droga, hasta una simple aspirina (recomiendo mirar definición y concepto de la palabra “droga”), aunque muchos recelen de esta consideración, al igual que lo hacen la mayoría de Gobiernos al sacar de las estadísticas la droga más consumida y que más muertes causa, el alcohol. Y es que como todo, el dinero, es fantástico y milagroso -cual chute de EPO–  a la hora de lavar conciencias, y de paso llenar los bolsillos vía tasas. Pero al fin al cabo, y aunque queramos suavizar llamándolo «complementos», que vale, que cada uno es libre de autoengañarse como quiera, faltaría más, estas sustancias son lo que son y están creadas para lo que están, sentirnos “mejores”, potenciar nuestro rendimiento o disminuir nuestra fatiga antes ciertos esfuerzos o comportamientos de nuestro cuerpo y mente. Que parece ser que aquello de “mente sana en corpore sano” ya no rige en nuestros tiempos de cachitas de camiseta dos tallas más pequeña y pro-domingueros de los de grito de guerra: “¿Espartanos, que somos leones o huevones? ”.

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Se suele decir “que cualquier tiempo pasado fue mejor” y empiezo a creerlo. Hemos dejado atrás aquellos tiempos en los que salíamos en bici con los amigos solo con la intención -sana intención- de pasar un buen rato por esas sendas sin trampas caza-hombres y sin tener la sensación de ser un delincuente por pasar por un camino “prohibido a senderistas y ciclistas” porque hay una montería y cuando todos los ciclistas éramos iguales sin diferenciar los yerros que montábamos y teníamos la buena costumbre de saludarnos y preguntar si todo iba bien si veíamos a alguien parado en la cuneta, aunque estuviera haciendo un pis. Aquellos maravillosos años en que eramos ante todo personas antes que deportistas y que nos bastaba sentirnos bien con nosotros mismos sabiendo que lo hemos dado todo tras una ruta. Cansados pero con una sonrisa de oreja a oreja y aun reventados en el sofá ya estábamos pensando en el siguiente fin de semana. Pero sobre todo, porque en aquellos tiempos salíamos sin más meta ni pretensión que disfrutar de la jornada, del camino y de la compañía, y dónde uno de los momentos culminantes era cuando parábamos a beber agua de la fuente mientras disfrutábamos de aquel bocadillo de chorizo. Aunque por suerte, hoy en día todavía queda alguno de estos auténticos ciclistas.

Para saber más sobre el doping os dejo este interesante artículo.