Cicloturista de los 10.000 del Soplao 2013

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Posiblemente, una de las mejores marchas de nuestro país. La llaman el “infierno cántabro” y doy fe de que lo es. La distancia a recorrer y el desnivel a cubrir pueden indicarte cómo es la prueba. Como eslogan, los dorsales llevan: “Para vencer hay que sufrir”. Pero me parece más oportuno que pusiera: “Para terminar hay que sufrir”.

En esta primavera extrańa que estamos viviendo, en cuanto a lo meteorológico se refiere, muchos pensábamos en mojarnos para poder recorrer los 225 km y los 4.350 m de desnivel.
La cita, el 1 de junio a las 8:00 en Cabezón de la Sal (Cantabria). Durante los días previos, estuvimos mirando continuamente las previsiones meteorológicas y os aseguro que en la víspera la previsión no era buena. En la bolsa de viaje, ropa para salir de corto, de largo, con agua, con frío, con calor…

Llegamos el viernes por la tarde y ya había un gran ambiente en la carpa habilitada para la recogida de los dorsales. Gestionado ese asunto, nos dirigimos a Sierra de Íbio, donde íbamos a hospedarnos. Preparamos las bicicletas, cena cargada de carbohidratos y últimos repasos al recorrido.

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Madrugón para desayunar y, en bici, nos dirigimos a la salida. El día amaneció fresco y nublado, pero con la carretera seca. Según los lugareños, no iba a llover. Y así fue.
De camino a Cabezón de la Sal, de todos los cruces iban saliendo participantes para concentrarnos los 1.600 valientes en el lugar que iba a ser la salida y la llegada de la prueba.

Se organizan tres pruebas: una prueba cicloturista neutralizada de 100 km, la clásica de 225 km y una prueba de ultrafondo de 315 km. Nosotros, nos centramos en la clásica, que no era poco. La distancia y los seis hitos destacables a subir nos aseguraban que íbamos a tener que emplearnos a fondo para poder terminar dignamente la prueba.

Salida nerviosa por los alrededores de Cabezón de la Sal y giro para ir a buscar la costa por Comillas. Subimos «La Hayuela« en el km 17 y, disfrutando de las increíbles vistas de las playas, llegamos a San Vicente de la Barquera.

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Nos dirigimos hacia el interior para ir a buscar la «Collada de Bielva«, segunda subida destacable de la marcha (km 79). Tras la bajada, avituallamiento en Puentenansa, donde estaba situado el segundo y quinto avituallamiento de los cinco que la organización había dispuesto para el evento. Los avituallamientos, bien organizados, ágiles en la distribución y abundantes. Quizá se echaba de menos algún alimento más energético, como barritas de cereales y frutos secos o algo más de fruta para hidratarse.

El día había abierto y lucía un tímido sol que todos agradecíamos. Desde Puentenansa, se inicia una constante subida de unos 30 km hasta coronar en «Piedrasluengas«, tercera dificultad en el meridiano de la prueba. Llevábamos 127 km recorridos y el cansancio empezaba a aparecer. A destacar, la belleza y dureza de la zona de la «Presa del Cohillo» del río Nansa.

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Pasamos del valle de Polaciones al valle de Liébana y, tras un largo descenso, con los Picos de Europa (aún con nieve) al frente, nos introducimos en el desfiladero de la Hermida con un fuerte viento de cara. El río Deva nos acompaña paralelo a la carretera y en la población de La Hermida, giro a la derecha para iniciar la ascensión a la «Collada de Hoz». Paramos en el avituallamiento y allí, una vez reunidos todos mis acompañantes, hablamos y decidimos que cada uno fuera a su marcha para afrontar lo que nos quedaba. Cuando coronamos sus empinadas rampas, el rutómetro nos marca 179 km recorridos y ya el cansancio iba convirtiéndose en fatiga.

Comenzó a aparecer niebla y la temperatura bajó sensiblemente. En los descensos, tuvimos que abrigarnos con el chubasquero, pero, curiosamente, el firme se mantuvo seco y pudimos bajar deprisa. Enlazamos la bajada con el inicio del ascenso a la Collada de Ozalba, con la compañía de la niebla. Preciosas y duras las últimas rampas de esta subida, con bastante público en los márgenes de la carretera que nos animaba a seguir y seguir devorando kilómetros.

La bajada nos lleva de nuevo al avituallamiento de Puentenansa, donde recibiríamos los últimos alimentos hasta llegar a meta. Hacemos la aproximación a la última dificultad de la jornada por un terreno plano con largas rectas, donde todos buscamos grupetas que nos hicieran más llevaderos esos últimos kilómetros hasta iniciar el ascenso a la Collada de Carmona. La carretera es tendida y con poca pendiente, pero la distancia recorrida hace que parezca que subes una auténtica pared vertical. Es sorprendente como todos tiramos de desarrollo para poder culminar con éxito esta última cota.

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Una vez coronada la Collada de Carmona, ya estábamos salvados. Nos faltaban 15 km para llegar y el terreno es favorable. Utilizamos las últimas fuerzas que nos quedaban y, aunque ya teníamos todo tipo de dolores y molestias, las ganas de llegar y terminar hacían que pedaleáramos con mucho brío.

La entrada en Cabezón de la Sal nos arranca una sonrisa que se convierte en explosión de júbilo cuando pasas por la pancarta. Compruebas el tiempo realizado, te felicitas con tus compañeros de grupeta y buscas rápidamente la carpa para degustar la rica ensalada de pasta que está esperando. Por supuesto, bien regada con zumo de cebada, nutritivo y muy diurético.
Allí, te reencuentras con tus compañeros con los que habías salido y que fuiste dejando de ver porque llevaban otro ritmo más elevado. Charlas y comentarios sobre el recorrido y sobre la gloriosa jornada de ciclismo vivida. La carpa es un continuo entrar y salir de ciclistas, de acompañantes y familiares, y se mantiene un gran ambiente hasta bien tarde.

Destacar de esta joven marcha (era su V edición), el grado de implicación de los voluntarios. Todos, dispuestos a ayudar y facilitar las cosas a todos los participantes. Impresionante el despliegue de personas que cubren y atienden los cruces. Por supuesto, agradecer el buen trabajo de los agentes de la Guardia Civil, de las distintas Policías Locales y del personal de Protección Civil, que siempre vela por nuestra seguridad. Agradecer a todos los patrocinadores y organización el esfuerzo que realizan para que todos nosotros podamos disfrutar de nuestra pasión por el ciclismo.

En definitiva, una marcha que todo cicloturista que se precie debe realizar. Para el año que viene, busca tiempo para prepararla: no puedes dejar de hacerla. A los que ya la conocen vuelven. Y a los que la hemos cubierto como novatos nos ha enamorado. Volveremos el año que viene.

Nos vemos por los caminos…