Crónica Eusko bike Challenge 2015

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El pasado sábado 13 de junio, tuvo lugar la IV edición de la titánica marcha BTT, Eusko Bike Challenge, la cual nos mostró su cara más cruel, desatando el auténtico Infierno Marojo sobre las 525 almas que decidimos desafiarle.

Pese a haber tenido un par de semanas de buen tiempo, nuestros peores temores se hicieron realidad. Una incesante lluvia, acompañada de fuertes tormentas azotaron la zona durante 5 días consecutivos, creando el caldo de cultivo ideal para una marcha inolvidable.

Pese al mal tiempo y las pésimas previsiones dadas para ese sábado, 475 bikers, de los 525 inscritos, nos plantamos en la plaza de Santa Cruz de Campezo a las 07:00am, sin importarnos demasiado si las previsiones de lluvias acertaban o no.

En la línea de salida vimos y pudimos saludar a muchas caras conocidas y amigos, cómo los omnipresentes Pro Evasion Bike, los incombustibles chicos de «Café los Ángeles», los bikers de acero de Vibike y muchas otras caras amigas, cómo es el caso de Alberto de Ibilbideak.

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Debido a una seria lesión que mi compañero Jorge viene arrastrando desde la Maratón BTT Urola Garaia, uní fuerzas con Raúl Esteban, representante de Euskadi en BTT, junto al cual realizamos la prueba de Urretxu. En el equipo también estuvo Juanjo «el Krujios», un tío que parece que se va muriendo en cada subida, pero con el que hay que tener cuidado, ya que es duro como un Land Rover de caserío.

Dada la salida, iniciamos el despiadado ascenso del monte Ioar, donde se ganan 1000 metros de desnivel en apenas 9 kilómetros.

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En este ascenso, las piernas se sobrecargan muchísimo, ya que no hay un periodo de calentamiento ni un rellano de descanso en la subida, por lo que nos lo tomamos con mucha paciencia. De hecho, es un tramo al que solemos dedicar cerca de hora y media. Apretar en esta subida, puede suponer sentenciar la carrera.

Alcanzada la cima, llegó la hora de afrontar el cresterío y el descenso, el cual fue muy complicado ya que hay mucha piedra y se encontraba totalmente mojada. Los resbalones y culetadas estuvieron a la orden del día.

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Con mayor o menor fortuna, conseguimos llegar al primer avituallamiento, situado en Antoñana, exactamente en el tiempo previsto de 3h05m.

Sin mucha demora y tras reunificar la grupeta, pusimos rumbo hacia nuestro segundo objetivo, Corres, para el cual teníamos un tiempo estipulado de 2 horas.

Personalmente es el tramo que más odio de toda la prueba. 17 kilómetros que discurren por una pista de monte, fea, cerrada por la vegetación,  donde los continuos sube-bajas convierten la zona en un auténtico rompe piernas.  Con la alta humedad y lo cerrado de la zona, a mi me suele costar bastante tanto respirar cómo encontrar un ritmo cómodo de pedalada.

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Fue en esta zona cuando se me paró un biker y me preguntó por los cuernos de diablo rojo que suelo llevar en la EBC. Resultó ser «Juanan», uno de los dos bici-escobas que nos acompañaron durante el tramo final de la Urola-Garaia.

Con más pena que gloria, y cumpliendo el objetivo de las dos horas marcadas, conseguí llegar a Corres, donde volvimos a reunificar al equipo.

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El nivel de barro de los caminos era considerable, pero el tiempo todavía nos daba tregua, así que animados, fuimos a por el tercer objetivo del día, el avituallamiento de Urturi.

El tramo que nos esperaba es popularmente conocido como «la ciénaga». Un terreno arcilloso, con tramos de arena, es el ideal para formarse trampas de barro, de hecho, en esta zona hay barro todo el año.

Con la experiencia del infierno que vivimos en la EBC 2013 en esta zona, fuimos bastante prevenidos y mentalizados, así que lo afrontamos con buen humor.

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Habíamos previsto llegar a Urturi a las 14:30 pero conseguimos robar 15 minutos al crono, algo que agradecimos, ya que pudimos comer bien, estirar y trazar el próximo plan de ataque.

Durante ese momento de reposo, «Krujio» nos dio a probar lo último en alimentación deportiva, las «TURBOREO». Básicamente se trata de galletas Oreo, pero cubiertas de chocolate. Electrolitos y magnesio no aportarían, pero…que ricas estaban!!

Viendo que íbamos un poco justos de tiempo, tuvimos que dejar atrás a Juanjo, rodando a un ritmo más alto del que él es capaz de llevar sin agobiarse.

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En el llano recuperamos el tiempo perdido y entramos como cohetes en la siguiente fase de la prueba, la Senda del Cartero.  En este tramo, justo antes de Maeztu, el tiempo cambió radicalmente. La temperatura bajo 5ºC, se levantó algo de viento y el primer trueno, rompió el cielo.

Castigados por una fuerte tromba de agua, hicimos como pudimos el descenso de «la peña de los escaladores» y llegamos a Maeztu a las 17:30, donde unas simpáticas colaboradoras nos dieron tortilla, gominolas, frutos secos y bebida isotónica.

Sin mucha demora y bajo una lluvia, que ya no pararía, seguimos hacia Cicujano, donde el año pasado nos salieron unos «tronados» disfrazados, pero este año, parece que no había ganas de chufla y cruzamos el pueblo bajo un  silencio sepulcral.

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Volvimos a iniciar un tedioso tramo de subida, donde nos juntamos con varios competidores  y en alegre comparsa, sufrimos por unos caminos que se deshacían bajo nuestros pies.

El buen humor seguía presente, pero cada trueno nos hacía estremecer, ya que todo apuntaba a que iba a ser una tarde dura y larga.

A la altura de Sabando, Raúl, del grupo «café los Ángeles», dijo basta y se retiró, por lo que su compañero de penurias «Gabi», se nos unió.

Cargados de barro hasta las trancas y tiritando de frio, a las 19:00, llegamos al último corte, situado en Sta Teodosia. Todavía quedaba media hora para el cierre del paso de tiempo, pero un buen número de participantes, decidieron que ya habían sufrido bastante para ser un sábado, retirándose por la carretera.

El tándem «Raules», teníamos claro para lo que nos habíamos levantado ese día, así que sin decir mucho, agarramos nuestras bicis y seguimos con nuestro alegre penar.

Con muchos resbalones y algún que otro susto, conseguimos llegar a Ullibarri-Adana, donde nos tomamos un gel para no perecer en el muro de cemento de «el portillo».

Poco a poco, lo superamos y bajo una incesante lluvia, pusimos rumbo hacia nuestro destino final, Santa Cruz de Campezo.

Con el olor de se finishers en esta dura edición, justo antes de llegar al cruce que hay para coger la vía verde de el vasco-navarro, nos apareció un Jabalí!

Vídeo Jabalí:

Se nos acercó como si fuese un perrillo, olisqueándonos y sin ningún temor. Todo eran risas y emoción hasta que le pegó un mordisco a la pinza de freno de mi compañero de penurias, lo cual nos puso de nuevo los pies en el suelo. A escasos 5 kilómetros de la meta, un mordisco del jabalí en el neumático puede resultar fatídico, así que decidimos no tentar más a la suerte y salimos como cohetes hacia la meta. El bicho nos estuvo siguiendo un buen rato, pero finalmente se metió en la maleza.

Rodando a plato y pecho partido, con una velocidad de 30 km/h, salvamos en pocos minutos la distancia que nos separaba del sueño de ser finalistas de la edición más dura que se ha vivido, haciendo un tiempo de 14h 24m.

La alegría fue completa, cuando vimos a Juanjo «el krujio» entrar en meta 20 minutos después que nosotros.
finishers

Hace tres años, con unas condiciones mejores que las vividas en esta edición, el porcentaje de finalistas no superó el 40%, mientras que este año ha sido del 60%!!

Esto dice mucho del nivel que va adquiriendo la gente y de la conciencia que existe ante esta prueba, la cual no es ninguna broma.

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Alucinante el tiempo de los ganadores de ambas categorías, Unai Yus, superó el infierno en tan solo 6h 34m e Itziar Pérez de Arriluzea lo hizo con un tiempo de 11h 16m.

La organización ha ido  ha ido recogiendo las críticas constructivas en cada una de las ediciones anteriores, aprendiendo de sus errores y mejorando hasta rozar la perfección.

Solo me queda decir que ha sido un auténtico placer sufrir en el «Infierno Marojo», ya que es mucho más que una marcha btt. Los lazos de amistad y la capacidad de superación personal que se forja en ese fuego…lo llevaremos toda la vida. Gracias!

Fotografía: Aitor Arenaza

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