Troyana. «No hay futuro, el futuro es hoy»

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Pedaleo, sigo el ritmo que me marca el puerto, un viejo conocido al que he ascendido en varias ocasiones por ambas vertientes, nos conocemos bien. 

Esta vez hay algo diferente cuando comienza el zigzagueo y los porcentajes se disparan, mi respiración se empieza a acelerar se entrecorta y mis pulsaciones se disparan, conozco bien esta sensación. 

Estoy en un buen estado de forma, la Bilbao-Bilbao 2021 está a la vuelta de la esquina y posiblemente sea el año que más kilómetros hayan hecho mis piernas en mucho tiempo, me ahogo, me ahogo, conozco la sensación. 

Mi inseparable compañero de ruta comienza a mirarme de reojo, noto su mirada, mis gafas se empañan, rompo a llorar, conozco bien esa sensación. “Menos mal que no he ido” le comento entre sollozos, “Pués si Ángel, hacerte 400km para sufrir no tiene sentido” me contesta. 

Eran las 12:00 en punto, en ese momento estarían arrojando las cenizas de mi hermana en uno de sus lugares favoritos en el mundo, los flashazos de las últimas 72 h que pasé junto a mi hermana me ametrallaban en lo más profundo de mi ser. Nunca había subido un puerto entero sin parar de llorar, esa sensación no la conocía.

“¿Ángel, crees que me salvaré?” joder es la pregunta más difícil que me han hecho jamás

Estaba todo perfectamente organizado, todo encajaba al milímetro, por alguna extraña razón los planetas se alineaban y habíamos podido organizar ambos calendarios. Yo iría a Bilbao con mis hijos para que disfrutaran de un gran fin de semana con su tía Arancha, ella feliz de organizar un fin de semana loco con su hija y sus sobrinos rompiendo todas las normas habidas y por haber con tal de verles disfrutar, así era ella. 

Yo feliz de tener un fin de semana libre 100% cicloturista, acompañado de mis mejores amigos haciendo una de las marchas cicloturistas que más nos gustan, la Bilbao-Bilbao 2019, por supuesto con visita previa al casco viejo la noche de antes para no perder las buenas costumbres, unos txampis, unos katxis y lo que se tercie, siempre acompañado de unas buenas risas.

Todo estaba organizado hasta que el destino quiso jugar duro, el viernes antes de la Bilbao-Bilbao 2019 hice 400 km en furgo para poder recorrer en bicicleta junto a mi hermana el centro de Bilbao, destino al hospital de Basurto. Comenzaban sus sesiones de quimioterapia, comenzaba su duro remar contracorriente, no habría tregua. Acompañé a mi buen amigo Ángel Escalera al arco de salida de la marcha, nos despedimos y yo volví a casa con mi hermana.

Todo era muy duro, pero aún así nos reíamos de la adversidad, lo pasábamos bien, comimos en su asiático favorito y volvimos en bicicleta eléctrica de alquiler a su casa tras la quimio. Comenzaba una nueva relación entre hermanos de una intensidad impensable que duraría hasta el final de su vida. Por desgracia el destino solo nos dejaría poco más de un año juntos. 

Era feliz montando en bicicleta eléctrica por el centro de Bilbao, aquí de camino a Basurto.

Los tratamientos se sucedían, nada terminaba de funcionar, una buena noticia duraba tan solo unas horas, siempre a contracorriente. Aún así Arancha se agarraba a lo positivo y no se rendía, para ella simplemente no era una opción, aunque visto desde fuera hubiésemos entendido que hubiera dicho hasta aquí, ella nunca lo contempló ni de cerca.

si no hubiese sido por mi compañera de dos ruedas y mis queridos amigos de rutas es probable que hubiese acabado totalmente medicado

Se acercaba la marcha cicloturista Bilbao-Bilbao 2020, y pese a que mi hermana comenzaba un nuevo y novedoso tratamiento, pensé que una inyección de moral le vendría bien “Arancha subo a Bilbao con los niños, bueno tu te quedas con los niños y yo desaparezco hasta el domingo que vuelva a Madrid y paso a recogerlos por tu casa”  felicidad absoluta, lo tenía todo planeado para volver a intentar saltarse todas las normas habidas y por haber junto a su hija y sus sobrinos, eso sí está vez con un poquito menos de energía, pero a tope de ilusión.

La ilusión duró lo que tarda en estallar una pandemia mundial que nos deja a todos encerrados en casa, bueno no a todos, a mi hermana le toca recorrer miles de kilómetros con un certificado médico para poder tratarse en Madrid cada semana.

Mi destino cambia, ya no voy a Bilbao, esta vez iré junto a mi hermana a Barcelona para seguir con su tratamiento experimental, poca gente en los aeropuertos, toques de queda y restricciones, a veces hasta nos reímos de lo loco del destino.

Yo debería estar en la Bilbao-Bilbao pasándomelo pipa con mis colegas, y mi hermana disfrutando de sus sobrinos, pero el destino nos tenía reservado varios paseos por las calles de Barcelona, la distancia que separaba el apartamento que había alquilado hasta la clínica donde se estaba tratando. 

En uno de esos paseos me hizo la siguiente pregunta, “¿Ángel crees que me salvaré?” joder es la pregunta más difícil que me han hecho jamás, no por la contestación porque yo lo tenía realmente claro, lo había meditado en numerosas ocasiones, cada vez que leía un informe, iba a una operación, a urgencias o ella me contaba la charla con su oncólogo, en todo este tiempo nada funcionó, yo no veía la luz por ningún lado. 

Por mi mente se pasó el mentirle y hacer como haría la mayoría de las personas, poner buena cara y darla ánimos, pero no pude “lo veo muy complicado Arancha” me sentí la peor persona del mundo. Me abrazó, lloramos y me susurró en mitad de la calle “pues hagamos como que si” yo se lo respeté hasta el final de sus días, nunca más se habló con ella de este tema, se iba a curar si o si.

En lo que vino después ella se agarraba a cada tratamiento que le ofrecían, yo me agarraba a la bicicleta, si no hubiese sido por mi compañera de dos ruedas y mis queridos amigos de rutas es probable que hubiese acabado totalmente medicado, llorar tantos kilómetros sobre la bici en compañía de buenos amigos es de las mejores cosas que he tenido en este tiempo, el efecto es completamente curativo.

Me agarré a la bicicleta como modo básico de escape de la mierda en que se había convertido todo esto, el tiempo se agotaba lo podía ver claramente, mi hermana era una persona activa, deportista, era una explosión de felicidad incombustible y ahora se iba a apagando. 

troyana

La bicicleta, mi familia y amigos era la única forma de poder volver a la habitación con mi hermana con ánimos para tirar para adelante con lo que fuera, me daba igual lo que hubiese que hacer, lo haría por perdido que estuviese o las dudas que me entraran, de cara a mi hermana iba a ser una persona con una convicción total y con una fortaleza total, a ella le daba mucha tranquilidad. Nunca pensé que podía ser capaz de tener esa entereza, yo el primer sorprendido. Por dentro el miedo y la tristeza era absoluta, pero nunca fue visible de cara a mi hermana. 

Recuerdo que unos días antes de morir mi hermana nos estuvimos riendo en su apartamento de Madrid de un montón de chorradas, de historias que le gustaba que le contase que me habían pasado en la montaña, le gustaba formar parte de eso. Después me despedía y me iba diciéndole una chorrada en plan “esta noche nada de salir a chapar garitos” ella se reía, y según cerraba la puerta me iba llorando hasta Avenida América con la mente completamente en blanco, muy duro. Tocaba hacer rodillo en casa para poder dormir. Puto cáncer.

Mi hermana finalmente falleció el pasado mes de junio en Bilbao, rodeada de verde y azul como a ella le gustaba vivir.

Vuelvo a la Bilbao-Bilbao en su edición 2021, esta vez tristemente sin mi hermana, lo cual me duele en lo más profundo de mi ser, pero por suerte estaré rodeado de familia y amigos para dedicarle nuestro particular homenaje. A ella le hubiese encantado. 

Mi hermana era madrileña de nacimiento pero vasca de adopción, allí es donde más feliz ha sido, donde creó un hogar y tuvo a su querida hija.

El maillot lleva su imagen, un diseño que ella me pidió que le hiciera para una tarjeta de invitación que quería enviar a familia y amigos para celebrar su recuperación, a ella le encantó.

Detrás de su imagen se encuentran las últimas frases que me intercambié con ella a través del móvil, todo son mensajes muy positivos y graciosos, como era ella. Sobre el tema de «TROYANA» es un apodo que le puse, si te da curiosidad pregúntame sin problema. Quiero dar las gracias a la gente de Mitto por la especial sensibilidad que han puesto en hacer realidad este maillot.

Se casó 3 semanas antes de morir y montó un bodorrio por todo lo alto donde cantó y bailó como la que más, nos troleó a todos. Lo sé porque yo fui el padrino.

Si has llegado hasta aquí disculpa la chapa, esto no quiero que se convierta en una apología de la tristeza, efectivamente es todo muy duro, pero mi hermana y yo compartimos momentos increíbles, hablando de la esencia de la vida, de las prioridades y los aprendizajes a los que estábamos siendo sometidos, ella valoraba mucho, como buena Psicopedagoga especialista en los procesos del aprendizaje que era, el poder sacar algo bueno de todo esto, porque al fin y al cabo nada era culpa de nadie, a veces la suerte no está de tu lado, y los que nos quedamos tenemos el deber moral con el que se va de salir mejores.

Pese a todo lo vivido nos hemos ganado el derecho a ser felices, y claro que se puede, no es fácil pero se puede. Bajamos un rato a la mierda, y nos salimos lo antes posible sin rebozarse en ella (la bicicleta ayuda mucho en esto, en serio)

La última conversaciones que tuve con ella por mensajes fue sobre las prioridades de la vida, como todo este proceso nos había ayudado a relativizar las cosas y a reorganizar nuestra escala de valores. Ella me respondió textualmente «pues sí toda esta mierda os sirve para algo yo feliz» 

Esa misma mañana le envíe mis 15 conclusiones, a ella le hizo feliz.

Estas son las cosas que me ha tocado aprender, comprender o me han reafirmado… 

1- Dios no existe. 

2- La suerte tiene más peso en nuestras vidas de lo que pensamos, hay que currárselo pero si la suerte no tiene el día estamos jodidos, esto también tiene que ayudar a quitarnos peso de encima, no hay culpas las cosas pasan muchas veces porque si. 

3-Las frases motivacionales son una puta mierda, no valen nada más que para hacer daño, querer no es poder. 

4-Lo que sí es importante es la motivación, tener elementos a tu alrededor que te impulsen a vivir y a superar obstáculos es imprescindible , una persona sin motivación es de lo más triste que te puedes cruzar en esta vida. 

5- La felicidad y la tristeza no son elementos excluyentes, conviven constantemente dentro de nosotros en un diferentes porcentajes dentro de un mismo recipiente, es posible estar triste y feliz al mismo tiempo, de nosotros depende a cual de los dos elementos queramos darle más calor para que fermente cuál masa madre y ocupe un volumen mayor en detrimento del otro. 

No es un proceso fácil pero sorprendente es posible.

6- El silencio ayuda a aumentar el proceso de fermentación de la tristeza, y por el contrario la verbalización y exteriorización de la mierda que está siendo todo este proceso ayuda a reducir la tristeza y favorecer el incremento de la felicidad. Es importante tener y saber a quién contarle tus mierdas. 

7- Llorar es curativo, evita infartos de eso estoy seguro. Llorar las cosas ayuda a enfriar la masa madre de la tristeza. 

8- El drama no ayuda, retroalimenta un pesimismo que sólo te hace daño e incrementa tus valores de tristeza. 

9-Es más importa «Estar» que «Ser», en todo este proceso muchas personas me han dicho que no saben cómo ayudar, qué les gustaría echarnos una mano, ya lo estaban haciendo simplemente Estando, gracias a eso los que teníamos que quedarnos en primera línea de la mierda podemos verbalizar, llorar….da igual quienes sean, lo importante es que están ahí y ayudan. 

10-No juzgar, No juzgar… es importante analizar situaciones y personas intentando no juzgar, es difícil pero al menos tenerlo presente de vez en cuando para conseguir estar en paz con todo el mundo, eso te hace mejor persona sin duda. Para mí es uno de los ejercicios más complicados, pero ayuda mucho para ver las realidades. 

11-La familia nunca parará de sorprenderte para bien y para mal, pero mejor tenerla cerca cuando vienen curvas. 

12- La alimentación y el deporte son importantísimos, ambas cosas deben de tener un alto peso específico en tu vida, son potentes fermentadores de la masa madre de la felicidad. 

13-A las cosas hay que llamarlas por su nombre, cuando algo es una puta mierda es una puta mierda, sin más, sin rodeos ni paños calientes. Esto es una puta mierda y punto. (lo siguiente es comenzar a aplicar el resto de puntos para no entrar en el proceso de  dramatización) 

14-Hay mucha gente buena en el mundo. 

15-La felicidad sólo es real cuando es compartida (Bueno, si, efectivamente es una frase de película pero queda tan de puta madre aquí jajajajaja) 

Para finalizar quisiera dar las gracias a todas esas personas que se han cruzado en mi camino en todo este proceso; personal de la sanidad pública, familia y amigos que han ayudado a gestionar toda esta mierda, sin ellos habría estado completamente perdido.

Parece mentira pero cuando tienes el agua al cuello, cualquier gesto por insignificante que sea (un paseo, una cerveza, una vuelta en bici, una llamada) puede ayudar más de lo que uno piensa. De corazón, gracias.

Tuve la gran suerte de conocerte muy bien y estar junto a ti hasta tu último aliento, joder te echo tanto de menos Arancha.

Último día en Barcelona en plena pandemia, tras nuestra particular charla sobre el destino de nuestras vidas, está claro quién irradiaba felicidad contra viento y marea. Me queda mucho por aprender.