Rodillos, Sexo duro y Rock and roll. Los ruidos en las comunidades de vecinos durante el Estado de Alarma

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Ya son varios carteles los que nos han llegado a través de las redes sociales, los cuales se han ido colgando estos días en diversas comunidades de vecinos de toda nuestra geografía.

En este artículo te hablábamos de los problemas que tenía un vecino «de enfrente» con una pareja de ciclistas los cuales uno entrenaban con el rodillo por la mañana y el otro por la tarde en el balcón de su domicilio.

Esto más o menos puede parecer «normal», el problema es que lo hacían con un rodillo en el que la cubierta entra en contacto con el mismo, y esta cubierta además era de una mountain bike con tacos. Puedes imaginarte el sonido de reactor de avión, o si lo prefieres, escucharlo tu mismo…

Como decimos, los carteles que van apareciendo son varios, y es que los rodillos han sido el producto estrella ciclista de este confinamiento social.

Tal es el caso que se han llegado a agotar en todas las tiendas físicas y online, y los pillos están haciendo el agosto duplicando y hasta triplicando los precios como ya denunciamos.

El último cartel que nos ha llegado va un poco más allá de los rodillos, y es que todo el que viva en un bloque de pisos, sabe que hay pocos vecinos que se aguantan entre ellos, y más ahora con la moda de salir al balcón a hacer el «monguer» a todas horas, ya sea para cantar, bailar, pinchar música o incluso sacar al perro a pasear sin salir de casa.

En esta comunidad en concreto piden la colaboración de algunos vecinos detallando incluso el piso y letra, vamos, que se sabe quienes son los que arman secándolo o no cumplen las normas de convivencia.

Los ciclistas que molestan con el rodillo son los del 3B y 3C, que utilizan el mismo a horas distintas y al parecer durante los momentos de descanso.

Al suceder esto, mucho nos tememos que en esa planta, la tercera, solo hay un rodillo entre todos los domicilios, y ambos lo comparten. Por eso va a ser un poco difícil que cuadren para entrenar a la misma hora.

Luego están todos los voluntarios que piden poder sacar a pasear al perro de una vecina que no puede hacerlo. En fin..

Y el tema del sexo, pues tienes donde elegir, desde encuentros clandestinos en el cuarto de basuras (joder que romántico), hasta los vecinos de la segunda planta que hacen temblar el edificio cada vez que se ponen a «empujar».

¡Bienvenidos al 13, Rue del Percebe versión Estado de Alarma.!