Road trip: De las fabes al pulpo III

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Todo buen viaje tiene un buen final y en este caso no podía ser menos. Tras la visita a Taramundi, continuamos rumbo al Oeste en busca de Ribadeo, una localidad costera bañada por la ría del mismo nombre. El núcleo urbano se sitúa en un altozano, y nos da  la bienvenida según atravesamos el Puente de los Santos, que hace de unión entre tierras asturianas y gallegas.

Ya nos encontramos en territorio del pulpo “a feira” y esto se nota. En cualquier rincón de Ribadeo se puede degustar un buen plato de este manjar, o eso pone en todos los restaurantes que se encuentran a nuestro paso. Nosotros de momento lo dejaremos para más tarde, la previsión meteorológica no es muy halagüeña y tenemos que darnos prisa en hacer la ruta porque además ya nos queda poco tiempo para finalizar nuestra visita por estas tierras norteñas.

Ciclobrava 2020

Ninguno conocíamos la playa de las catedrales, salvo por las fotos que hemos visto en folletos turísticos, por lo cual nos hacía ilusión hacer una ruta que terminara en este emblemático lugar.

La ruta que seleccionamos para esta última salida en bici de este viaje, discurre casi íntegramente por la costa lucense. La primera parte es un poco de transición, pero en cuanto llegamos a la costa el panorama es realmente espectacular.

Tenemos dos opciones, una es hacer el recorrido casi íntegramente por camino y la otra por carretera, esta última opción está muy bien para hacerla en familia tranquilamente, el tráfico prácticamente es nulo, por lo menos el día que nosotros estuvimos, no nos cruzamos con ningún coche. Con quien sí nos cruzamos fue con un compañero de fatigas, Ángel que estaba entrenando con su HandBike por esta carretera, desde aquí le enviamos un saludo y esperamos que esté seleccionado para representar a España en las paraolimpiadas de Río.

La ruta va casi todo el rato pegada a los acantilados, la perspectiva que tenemos de toda la costa cantábrica es inolvidable, ver y escuchar como esas imponentes olas desgastan las verticales paredes de roca a base de estremecedores impactos, te hacen entrar de forma irremediable en un estado embriagador.

La inmensa masa de agua que te rodea, te hace darte cuenta lo insignifícante que somos. Yo no soy persona de grandes reflexiones metafísicas, pero tengo que admitir que hay dos circunstancias que siempre me evocan de forma irremediable a darle vueltas a temas existenciales de este tipo, uno de ellos es viendo la inmensidad del horizonte en el mar al atardecer y la otra es metido en el saco de dormir  perdido en la montaña, abrumado por la cantidad de estrellas que nos rodean, para entender esto hay que vivirlo.

Dejando temas filosóficos de lado y volviendo al tema ruta, según avanzamos por la costa nos encontramos con un bonito pueblo pesquero llamado Rinlo, que parece ser que es un lugar de culto gallego para comer marisco. Pero por lo que vi, los restaurantes allí son caros y la relación calidad-precio no está muy equilibrada, es lo que he leído, que conste que no lo he probado.

Tras pasar este pueblo vamos sorteando varias playas hasta llegar finalmente a la de las Catedrales, decepciona un poco el panorama con el que te encuentras, dado que hemos ido solos, sin cruzarnos casi con nadie, te impacta ver tanta gente en busca de su foto. La verdad es que es entendible porque la panorámica es realmente impresionante, columnas, cuevas y puentes de roca de cientos de metros, que salen al descubierto al bajar la marea, tesoros que salen a la luz durante unas horas y se vuelven a ocultar con la subida de la marea. Nos quedamos maravillados con este sitio y pasamos un buen rato descubriendo nuevos juegos de rocas, según avanzábamos por la playa.

Es una ruta muy sencilla y muy espectacular, nosotros hicimos el camino de vuelta por donde habíamos ido, aunque se puede volver por una carretera secundaría, pero nos apetecía volver a disfrutar de estas vistas antes de volver a levantar el campamento y dar por finalizado el viaje.

ABUS Game Changer

-Road trip: De las fabes al pulpo I

-Road trip: De las fabes al pulpo II

Por Ángel Ramos