No se cómo explicarlo

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En Junio hizo 2 años que cambié de montura, a raíz de ese cambio un buen amigo me convenció para darle un buen uso a mi nueva bicicleta participando en la marcha “Los 10.000 del Soplao”. Para los profanos en la materia resumiros que esta prueba es una marcha en bicicleta de montaña de casi 170 Km en los que que encuentras unos 7 puertos que acumulan casi 5000 metros de desnivel positivo, todo esto unido arroja un resultado de unas 12 horas sobre la bici dando pedales. Todavía recuerdo como este buen amigo me dio la tabarra para que me apuntase, que tenía que darle el uso que se merecía a la bici nueva y qué mejor escenario que las montañas de Cantabria por donde discurren Los 10.000 del Soplao.

Le costó un poco convencerme pero al final accedí. En ese momento empezaron meses de entrenamientos, unos aburridos, otros sin ganas, pasando a veces frío, otras veces calor, algunos días fueron divertidos, etc. Ahora que lo miro con la perspectiva del tiempo (dos años y medio después) echo de menos todas esas rutinas, he empezado a entender que lo bonito de todo reto no es acabarlo, es disfrutar del camino que has recorrido para poder hacerlo.

Esperando a que empieze la marcha
Esperando a que empieze la marcha

Pues bien, por circunstancias no pudimos acabar la marcha en 2012. Las condiciones meteorológicas obligaron a la organización a suspender la prueba, en mi opinión creo que fue la decisión más acertada. Cuando me desperté ese día (a eso de las cinco de la mañana) en mi cabeza se agolpaban un montón de recuerdos de los entrenamientos hechos a lo largo de los meses de otoño e invierno, de lo que disfruté montando en bici todos esos días con las dos personas que nos embarcamos en esta aventura, de todas las aventuras que pasamos juntos a lo largo de todas las horas de entrenamiento que compartimos (que fueron muchas). La sensación de esa mañana es de esas que no se pueden explicar, pero que te hacen sentir bien. Por eso, cuando nos dijeron que no podíamos seguir en la cima del alto del Moral, entre la niebla y con una sensación térmica bajo cero, no me importó mucho. Yo sabía que era capaz de acabar la marcha, lo que de verdad me llenó de toda esta peripecia fué el camino recorrido para llegar allí y no el hecho de cruzar la meta antes o después.

Por este motivo, cuando crucé la meta mi mente no pensaba en los kilómetros de más o de menos que habíamos hecho, sólo pensaba en volver a pasar por todo ese proceso, en volver a entrenar en compañía de la misma gente, en pasar las mismas aventuras y desventuras, las mismas peripecias. Volver a subir por enésima vez el puerto de la Morcuera, o el de la Fuenfría, volver a dar pedales bajo el sol, o el agua o incluso la nieve en alguna ocasión, no se por qué pero mi cuerpo me pedía volver a pasarlo mal subiendo el alto de Cancho Blanco en la Zarza de Montánchez o a las antenas de Montánchez en Cáceres, los subí tantas veces que llegué a memorizar hasta los baches de la carretera.

De esta guisa terminamos
De esta guisa terminamos

A pesar de todo esto en la edición de este año (2013) no he podido participar, me fastidiaba, pero no pensé que me iba a afectar mucho, pero no fue así. El día de la prueba yo estaba trabajando (todo un logro en los tiempos que corren), pero mi cabeza estaba en Cantabria, empujando al único de los tres que repitió la hazaña de participar en la marcha. Estuve todo el día enganchado al móvil para saber como se estaba desarrollando la prueba, en cuanto llegué a casa me “enchufé” a la web del Soplao para ver en directo la llegada, para ver la cara de la gente que terminaba hasta que cortaron la emisión, a eso de las once de la noche creo recordar. En ese momento fue cuando mi novia me dijo que nos pidiesemos vacaciones al año siguiente para que volviese a participar, ella me conoce bien y sabe que con las cosas que me gustan soy muy pesado y creo que dijo esto porque estaba llegando a un estado de pesadez extremo. En ese momento también te das cuenta de que no puedes hacer estas cosas si no es con el apoyo de la gente que tienes alrededor y sobretodo con su comprensión, esa gente es a la primera que “abandonas” cuando te vas a entrenar, robas horas o días de estar a su lado por prepararte para algo en lo que, en principio, ellos no participan, pero que son una parte muy importante para poder conseguirlo.

Así que me voy a liar la manta a la cabeza y voy a participar en la edición de 2014 casi con más ganas que la primera vez, con más ganas de entrenar, de pasarlo mal para acabar sintiéndome bien conmigo mismo. Se que este año va a ser más duro porque dispongo de menos tiempo, pero también soy un año más sabio e intentaré pulir los errores cometidos la primera preparación.

Y vuelvo a repetir que no se como explicarlo pero cada vez que veo una cuesta me acuerdo de mi bici, cada vez que veo una montaña me acuerdo de mi bici, cada vez que me cruzo con alguien que va en su bici (da igual que bici sea) me acuerdo de la mía. Tengo otra vez ese gusanillo que me hace estar inquieto si no he podido montar en bici a lo largo de un par de días.

Ya os iré contando desde aquí como lo voy pasando y como me voy encontrando. Si puedo, porque como os he dicho en varias ocasiones, hay ciertas situaciones o sentimientos que no se muy bien cómo explicar.