Mountain Bike al otro lado del charco. Prueba y error

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“El fracaso es sólo la oportunidad de comenzar de nuevo de una forma más inteligente”.

(Henry Ford)

Hace tiempo que leí en algún medio impreso una de esas típicas encuestas donde explicaban diferencias de pensamiento entre estudiantes de distintos países acerca de su futuro profesional.

Creo recordar que venía a decir que mientras en España un gran número de estudiantes sueñan con un puesto de funcionario, en EEUU la mayoría piensa en ser su propio jefe y montar su empresa.

Es normal, en EEUU se premia desde pequeños la iniciativa y creatividad. Mientras que en España solo se premia unas calificaciones en forma de números. Nos encanta la titulitis.

Pero a parte de esta pequeña diferencia, yo soy partidario de una teoría que he venido corroborando en estos meses de asilo.

Creo que la verdadera diferencia entre las dos culturas y por tanto de nuestros deseos de éxito está más en línea con la percepción del “fracaso” al que nos enfrentamos cuando pensamos en ser nuestros propios jefes o emprender cualquier otra aventura que en definitiva sea un reto para nosotros.

Esta diferencia de percepción, o mejor dicho, diferencia de significado para la misma palabra, es lo que realmente nos hace actuar/comportarnos de una u otra manera de cara a planificar un futuro proyecto profesional.

Nuestra percepción del “fracaso” suele estar erróneamente relacionada con el adjetivo “perdedor”, además, también supone un lastre en nuestro currículo con el que debemos cargar el resto de nuestras vidas.

Pero en verdad, el “fracaso” solo es una experiencia vital mas, que puede servir a los re-emprendedores a llegar más lejos, si es bien aprovechada.

Paradógicamente el haber fracasado debería de servir para aligerar el camino, pues habrá ciertos errores por los que ya hemos pasado y que no repetiremos.

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En ese mismo artículo antes mencionado, leí acerca de la cultura norteamericana de los emprendedores “hechos así mismos” y donde no importa las veces que caigas hasta llegar arriba, pues lo que de verdad importa es llegar.

Lo que sí que está claro es que el “fracaso” en otras culturas está implícito en el adn del emprendedor, como parte de su personal método de “prueba y error” y que cuando sucede no debe ocasionar más que un ligero dolor de cabeza que debería ir desapareciendo con los siguientes intentos de alcanzar el éxito.

Os recuerdo que Edison descubrió mil maneras de como no hacer una bombilla bien.

Los “fracasos”, al igual que el resto de experiencias, forman parte de nuestro proceso vital de crecimiento y por tanto, de nuestro aprendizaje.

Tendríamos que ser un poco más abiertos de mente para darnos cuenta realmente que no es tan malo fracasar en nuestros retos, al igual que no es nada malo llegar en último lugar en alguna competición porque simplemente no estábamos bien preparados para afrontarla o abandonar una ascensión porque la montaña nos ha podido esta vez.

Los alpinistas rara vez hacen cima el primer intento, pero no por ello dejan de intentarlo hasta conseguirlo.

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Sin embargo, lo malo del fracaso no es si mismo el no haber conseguido alcanzar el éxito en nuestro reto. Lo malo del fracaso es la “etiqueta” que viene con él. Esta “etiqueta” según la cultura emprendedora de procedencia significa una u otra cosa.

Mientras que para nuestra cultura es un estigma, donde poco más que nos miran con pena y condescendencia cuando se enteran que hemos fracasado ya sea en lo personal o en lo profesional, en otras culturas como la americana, no se toma de una manera tan dramática: “Si te caes te levantas y sigues”.

Se valora la valentía y coraje del emprendedor que se ha lanzado a intentar montar un negocio y que sin duda ha tenido que lidiar con mil problemas hasta saber qué funciona y qué no funciona.

Y esta valentía, capacidad de decisión, de rectificación y ganas de seguir adelante es lo que se valora a la hora de afrontar un siguiente proyecto. Siempre y cuando el haber fracasado en un negocio no sea por causas imputables a la capacidad gestora del emprendedor, el “fracaso” es valorado como un “método de aprendizaje” que otorga una cierta ventaja competitiva y no como una losa en nuestra carrera.

Otro ejemplo de diferencias entre distintas culturas, es cuando llega la hora de negociar con un banco a pedir un crédito para nuestro próximo proyecto.

Como hayas fracasado anteriormente, automáticamente la respuesta sera casi seguro un NO rotundo, aun hipotecando nuestro patrimonio en muchas ocasiones. Porque según nuestras cultura del riesgo no damos un perfil con suficientes garantías de éxito en la devolución del crédito.

No cuentan con que hemos aprendido de los errores cometidos o al menos nos llevamos unas cuantas lecciones vitales para afrontar con más garantías de éxito nuestro siguiente proyecto.

En en mismo caso, si pides un crédito al banco en EEUU para tu próxima aventura empresarial, es bastante más fácil que lo consigas si llevas un buen proyecto bajo el brazo, puesto que dan por sentado que a medida que vas aprendiendo de los errores reduces el riesgo de volver a cometerlos y por tanto se incrementa tu porcentaje de éxito. Según he leído en algún lado estos porcentajes serían algo así:

1º fracaso, se incrementa un 30% el éxito en el próximo proyecto.
2º fracaso, se incrementa un 50% el éxito en el próximo proyecto, etc

No sé la lógica matemática de estas cifras, pero desde luego algo de lógica tiene la explicación, aunque solo sirva para ilustrar con un ejemplo.

Como he dicho, en nuestra cultura emprendedora el “fracaso” es considerado como una gran mancha que echa por tierra todas nuestras anteriores experiencias exitosas y empaña nuestro currículo de por vida en la mayoría de ocasiones.

El “fracaso” lo vemos erróneamente de una manera negativa, no miramos más allá, cuando en verdad deberíamos mirar objetivamente las circunstancias que llevaron a un emprendedor a tal punto.

No tenemos en cuenta si las causas que han propiciado dicho fracaso son ajenas al emprendedor, si han sido por cuestiones coyunturales, financieras o de otra índole ajenas a su gestión personal, o por si el contrario el fracaso es merecido por una falta de aptitudes que han derivado en dicho “fracaso”. No deberíamos de incluir todos los “fracasos” en el mismo saco.

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Sin duda alguna, como de todas las experiencias en la vida, también de esta podemos sacar algunas lecciones de valor, las cuales podremos usarlas en beneficio propio. Aunque también es cierto que las experiencias tienen su cara y cruz. Éstas podrían ser las que aporta la experiencia de fracasar:

El fracaso puede ser “positivo” porque nos aporta ciertas capacidades que difícilmente podríamos adquirir de otra manera.

  • Aporta experiencia y una dosis extra de racionalidad de cara a futuros retos, evitando cometer errores comunes (o de novato) y que hasta entonces no habíamos descubierto.
  • Aumenta nuestro umbral de sufrimiento y tolerancia al estrés, lo cual nos permitirá afrontar futuros proyectos de una forma menos alarmista y con la cabeza mejor amueblada.
  •  Genera hábitos de comportamiento frente a diversas situaciones, que serán de gran ayuda de cara a solventar futuros problemas en nuestros próximos retos. Podremos contar con la solución más óptima ante situaciones similares.
  •  Nos da un mayor conocimiento de nosotros mismos y de nuestro perfil para los negocios, que nos servirá para potenciar nuestras mejores aptitudes y mejorar las menos buenas.

Pero también tiene su parte “negativa” y que también deberíamos tener en cuenta

  •  Es bastante común que nos genere un sentimiento de incapacidad y que nos vaya debilitando, restándonos fuerza e incluso inhabilitándonos de cara a futuros proyectos.
  • Nos puede frustrar y bloquea la mente, minando nuestra capacidad de reacción y respuesta a futuros problemas.
  • Debilita las finanzas y economía del emprendedor o peor aún, le puede dejar metido en un pozo de deudas a largo plazo.
  •  Puede arruinar las relaciones personales, ya que para el vencedor todo son vitolas y aplausos, mientras que para el “fracasado” todo suele ser condescendencia y consuelo, creando una situación de baja estima y un sentimiento de culpabilidad que perdura en el tiempo.

El ser humano es experto en cometer los mismos errores una y otra vez, seguramente porque enseguida los olvidamos o los dejamos a un lado, en vez de aprender de ellos.

Como ya he dicho, los fracasos forman parte de nuestro aprendizaje cotidiano, por eso tenemos que ser capaces de superar esas “etiquetas” y recuperar del “cajón del olvido” nuestros fracasos y errores como parte de nuestro aprendizaje vital.

Debemos recogerlos y ponerlos en un sitio bien visible (frente al espejo sería un sitio ideal) para que no se nos olvide dónde estamos y dónde queremos estar.

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Fracasar no es tan grave como nos quieren hacer creer, pero tampoco haber fracasado anteriormente es garantía de éxito frente a nuevos retos.

Lo que sí está claro es que podemos aprender de los errores cometidos y obtener un mejor conocimiento de nosotros mismos y una visión más real y certera a la hora de empezar un nuevo negocio. Como todo en la vida, la virtud es encontrar el equilibrio.

Aprovechar las lecciones aprendidas de antiguos fracasos para ponerlas en prácticas en nuestros futuros proyectos. Hay que tomar el “fracaso” como lo que es, algo natural, cuando por desgracia nos ocurra.

Tratando de sacar el mejor partido de ello, porque simplemente aprendiendo las lecciones del pasado ya tendremos un poquito más cerca el éxito.

Como dijo sabiamente el famoso “fracasado” Bill Gates: “Está bien celebrar el éxito, pero es más importante prestar atención a las lecciones del fracaso”.
Un abrazo,