Mountain Bike al otro lado del charco. Camino a Colorado

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«Nunca hay viento favorable para el que no sabe nunca a dónde va» (Séneca)

Como todas las buenas oportunidades esta que pasaré a relataros también fue de esas que solo pasa una vez en la vida. Había tenido otras, más o menos con el mismo horizonte por destino, pero esta vez lo tenía claro, esta vez podría ser la última oportunidad de cambiar las cosas y no pensaba desaprovechar la ocasión.

Todo empezó unos diez meses atrás, la firma para la que trabajaba en un cómodo puesto como mando intermedío ya venía dando signos de que iba a haber movimientos, de recortes de plantilla, cierre de delegaciones, etc, etc, es decir, lo que ha estado en el orden del día los últimos años en España.

Con estas noticias y viendo por donde se podría arrimar el toro, comence a especular con la posibilidad de retomar un sueño que desde hacía mucho tiempo tenía en la cabeza y siempre lo mantuve aparcado, seguramente por falta de confianza en mi mismo, sumado la inseguridad de emprender un viaje distinto a  los que estaba acostumbrado a tomar.

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Con los acontecimientos recientes en el que era mi trabajo, los «avisos para navegantes» que mi jefe no se cansaba de dar día tras día y con la ilusión ya puesta en posibilidad de retomar mi viejo-nuevo sueño, empeze a diseñar lo que quería hacer el resto de mi vida, o como yo digo, la segunda parte de mi vida, pues a mis 42 años doy por consumida la mitad de la misma.

A partir de entonces y con el destino como aliado, se fue perfilando lo que sería mi viaje a Colorado. Todo gracias a que mi mujer es maestra y sabiamos de la oportunidad de concursar para poder pedir unos años de intercambio en un colegío en el extranjero. Hablamos de ello, hicimos planes, números, etc.

Pero sobre todo nos pusimos un objetivo claro, o nos tocaba de destino un colegio en Colorado o no ibamos a ningún sitio, y ya pasaríamos al plan B.

Esta lotería sería la que me daría la llave que me llevaría a la puerta con el primer premio. Y que me serviría de salvoconducto para retomar mi sueño de vivir de lo que me gusta realmente.

Ya hacía tiempo que me rondaba por la cabeza montar un negocio relacionado con las bicis, dónde mi único jefe sería yo, y dónde podría ir a trabajar todos los días contento y sin presiones ejercidas por un informe lleno de cifras y lo más importante, dándo pedales.

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Con la ilusión puesta en la posibilidad de ir a al otro lado del charco, empecé a ilustrarme y mirar formación específica en mecánica de bicicletas, dando la casualidad que de los dos mejores institutos de formación en EEUU uno de ellos esta en Colorado Springs, a menos de una hora en coche de Denver.

El sueño de poder ir a formarme a una de las mejores escuelas, vivir y empaparme de la cultura bike de estas tierras y todo ello sin alterar la parte profesional de mi pareja, iba tomando forma sólida.

He de decir, que mi mujer, la conocí dando pedales en el Camino de Santiago y que gracias a la pasión que nos une y más aún a su apoyo incondicional es más fácil tomar las decisiones respecto al futuro próximo.

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El por qué de Colorado es fácil de contestar, es el Estado de EEUU con el promedio más alto de afinicionados al deporte, de gente con menos nivel de obesidad, dónde las montañas te acarician en cuanto abres la ventana y sobre todo porque aquí la gente respira la bici como si fuera una religión o una filosofía de vida, aquí la bici se lleva en la sangre.

Como ya me han dicho en un par de ocasiones, es fácil reconocer a un nativo de Colorado; «porque lo que lleva encima del coche, vale más que lo de abajo».

Y esto solo se entiende si eres de aquí y conoces sus montañas, senderos, singletracks y las decenas de artesanos constructores locales que por aquí habitan y que forman a partir el acero y titanio grandes obras de arte con dos ruedas.

Claro que hay bicis de grandes marcas pero ni mucho menos estas dominan el panorama de este Estado. Aquí la gente disfruta montando en bici y no da más importancia de la necesaria a si sus ruedas son de un tamaño u otro.

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Como habreís supuesto, a mi pareja la dieron una de las plazas de intercambio por tres años. Y a partir de ahí todo fue muy rápido, papeles en la Embajada USA en Madrid y más y más papeleo repetido, hasta obtener el visado y poder sacar el billete de avión.

Lo demás fue bastante rápido, despedirnos de los amigos, realizar la última prueba de la MadridXtrema, visitar a la familia y cuando nos quisimos dar cuenta ya estabamos en Denver un bonito día de primeros de agosto. Después más papeleo, permiso de trabajo para mi, licencia de conducir, etc, etc.

Pero lo más importante es que ya estamos aquí, ya he comenzado a trabajar como mecánico de bicis en una tienda local y a la vuelta de año nuevo empiezo mi formación académica específica como mecánico de bicicletas.

Pero toda esta aventura tiene su «por qué» y no es otro que el deseo de empaparme de la cultura bike de esta tierra en toda su expresión. Así como complementar mis conocimientos técnicos en los mejores centros de formación de aquí. Para cuando regrese poder empezar a reescribir mi destino en torno al mundo del ciclismo y convertir ese sueño que un día tuve en realidad.

Como en todo viaje, este también se empieza a rodar desde el  km 0 y los siguientes kilómetros y capítulos de mi vida están por rodar y escribir y desde aquí os lo iré contando, tanto lo que me vaya aconteciendo en esta aventura, como mis proyectos profesionales y personales ligados al mundo de la bicicleta.

Saludos.