Los radares de velocidad para ciclistas en los carriles bici no son únicos en España

Cada vez son más frecuentes estas acciones para controlar a los ciclistas.

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Un policía en bicicleta con un radar de pistola a la caza del ciclista que supera la velocidad máxima en un carril bici.

Hace poco vimos como la Policía Municipal de un municipio de la Comunidad de Madrid se había colocado a la caza de ciclista, radar en mano, en algunos caminos colindantes compartidos con otros usuarios.

La función de estos radares era la de llamar la atención y multar en el caso de que una persona en bicicleta superase la velocidad máxima permitida en es camino.

Esta velocidad no era otra que la de 20 km/h, para algunos una velocidad que con solo dar dos pedales ya superarían con creces.

Parece que todo quedó en una anécdota, pues ya ni hay tanta gente montando en bicicleta a diario, ni paseando ni corriendo por el campo como ocurrió en las semanas después del confinamiento.

También vimos hace tiempo que en algunos carriles bici de la ciudad de Londres, cuya supuesta velocidad máxima es de 10 km/h, algunos ciclistas urbanos fueron multados por circular a 25 km/h.

Al otro lado del charco los policías también persiguen a los ciclistas

Hoy nos hacemos eco de otro suceso, en este caso en la ciudad de Toronto, en Canadá, donde el uso de la bicicleta está bastante más extendido que aquí, pero no por ello los ciclistas se libran de la persecución de las fuerza del orden.

La policía de Toronto, radar de pistola en mano, ha estado el pasado fin de semana controlando la velocidad de algunos ciclistas en los carriles bici de la ciudad.

El límite una vez más está en 20 km/h, por lo que pocos ciclistas circulan a esa velocidad o una inferior.

Las críticas les han llovido desde todas partes del mundo, ya no solo por perseguir a los ciclistas, sino también por dedicar tiempo a esta persecución y no a otras más importantes, como los conductores que no respetan a los ciclistas, van con el móvil en la mano y a bastante más velocidad de la permitida, por nombrar algunos ejemplos.

Tras la críticas recibidas en la publicación con varias imágenes de los agentes con carteles informativos de velocidad máxima y manejando los radares, estos tuvieron que salir al paso que se trató de una acción para conciencia y educar a los ciudadanos:

«Los oficiales estaban allí para aumentar la conciencia y educar a las personas después de que la comunidad planteara una serie de inquietudes, incluidos otros ciclistas y un concejal.

Los radares de velocidad se utilizaron únicamente con fines educativos y no de sancionar.

Recibimos una respuesta positiva de los residentes.»