Los ciclistas también son conductores

Uno de los principales problemas de convivencia entres coches y bicicletas, es el poder divino que reciben muchos conductores cuando se sientan detrás de un volante. Se convierten en los amos de la carretera.

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Los ciclistas también son conductores
El típico conductor enfurecido por que un ciclista circula según él molestándolo en "su carretera".

La continua y ficticia lucha entre conductores y ciclistas tiene una larga historia.

Hace unos años, cuando la afición al deporte no era tan popular, los pocos ciclistas que se veían en las carreteras, eran aquellos que por necesidad, se veían obligados a desplazarse en bicicleta para sus tareas cotidianas.

Sí, también existían ciclistas que utilizaban la bicicleta de forma recreativa o deportiva, pero estos deran contados.

Tampoco había tantos coches, por lo que cruzarse con una bicicleta en la carretera no era lo más común.

Pero como todos sabemos, el uso del coche se ha disparado en los últimos 30 años, y ya prácticamente no cabe un alfiler en nuestras calles.

Y el deporte, también se ha convertido en la forma de vida de muchas personas, con el ciclismo como uno de los que más ha aumentado en aficionados que lo practican en los últimos años.

Recordemos que deportes como el fútbol, con millones de aficionados, al final no son tantos los que los practican asiduamente, y las paginas web que hablan de «deportes más practicados en el mundo«, o en España, solo se basan en número de federados o de aficionados, que no es lo mismo que practicantes.

En 2002, el ciclismo se encontraba en el séptimo lugar de los deportes más practicados, ahora se encuentra en el podio

Si tienes la suerte de vivir en algún lugar remoto de la geografía, también tendrás la suerte de poder montar en bicicleta sin muchos inconvenientes.

Pero lo cierto es, que con el resto de los mortales viviendo en grandes ciudades, sus inmediaciones y las propias ciudades en sí, se han convertido en una jungla de asfalto dominadas por el más fuerte, el coche.

Sí, sobran coches, y también conductores, puede que hasta algún ciclista

Patológicamente hablando, a groso modo, la gran mayoría de conductores, incluso los que respetan a los ciclistas, las normas y al resto de usuarios de la vía, se sienten seres superiores a cualquier otro cuando se sientan detrás de un volante y pisan el acelerador.

Es la sensación de «la carretera es mía. Yo tengo un coche, pago impuestos, seguro, gasolina y lo uso para todo y tengo una misión que cumplir. Así que tú, que vas lento, frenas y paras en los semáforos en ambar, y esperas tu turno detrás de los más débiles en la calzada, solo estás aquí para hacerme la vida imposible.

La sensación de poder que da mover una mole de metal de miles de kilos y cientos de caballos de potencia con un leve movimiento del pie, es una de las grandes barreras psicológicas.

Por norma general, si eres ciclista, también eres consciente de la responsabilidad que tienes entre manos a la hora de sentarte detrás de un volante. La misma que detrás de un manillar pero con consecuencias bastante diferentes.

Pero se dan casos, vistos personalmente, de ciclistas que al volante son igual de cafres que el peor de los conductores, incluso si hay ciclistas circulando a su alrededor.

¿Como es posible que un ciclista conduciendo un coche, no respete las normas ni a otros ciclistas en la carretera?

No es broma, y en alguna ocasión me ha tocado compartir ruta con cafres en bicicleta que se les llenaba la boca diciendo que cuando ven un ciclista o grupo de ciclistas que no va pegados a la derecha o por el arcén les pasan sin reducir la velocidad o sin respetar la distancia de seguridad.

Sí, lo creas o no, a muchas personas, al sentarse detrás de un volante, reciben un poder supremo que les otorga el derecho de ser amos y señores de la carretera.

Ya sea, camión, animal, tractor, ciclista, peatón, e incluso otro coche, el que esté delante, este debe dejarles paso, y si no, ya pasarán ellos por donde les venga en gana.

Esa guerra que comentaba al principio, no tiene pues ni pies ni cabeza, siempre la va a ganar el más fuerte.

Es como la vida misma, el pez pequeño se come al más grande, el matón se aprovecha del más débil…

¿Y como ponemos solución a este gran problema que tenemos en la actualidad entre ciclistas y conductores?

Pues tiene difícil solución.

Mientras el negocio del petróleo y la automoción siga mandando sobre la mente de las personas y sobre los políticos, la situación irá variando muy, muy lentamente.

Cuanto estas dos industrias comiencen a decaer de verdad, entonces, y solo entonces, veremos una gran mejora de convivencia en nuestras carreteras.

Los cafres al volante y los que se transforman cuando se colocan detrás de él en seres superiores, no entienden que hay más usuarios de la vía con los mismo derechos, y que un error suyo, sus prisas por adelantar o llegar cinco segundos antes a su destino, puede terminar con una vida.

Es un problema global y complejo, pues concienciar sirve de mucho, pero no es suficiente.

Ciclistas y conductores, bicicletas y coches, están condenados a vivir en armonía, pero esa armonía no funciona únicamente con dejar a ambos sueltos en la carretera.

Hay que crear leyes y normas mas restrictivas y claras, hacérselas llegar a toda la población (los copilotos también tienen su miga…), hacerlas cumplir y apartar de la carretera aquel que no las cumpla. Dejar de publicitar al coche privado como algo que te otorga superpoderes también ayudará en esa batalla psicológica.

Los ciclistas también somos conductores, y sabemos muy bien lo que se siente al a manos de un coche, pero sobre todo lo que se siente cuando uno de estos coches te pasa rozando o a gran velocidad en la carretera.