La vida es para los luchadores, la gloria para los caballeros.

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Desde un podium, donde se escucha como la multitud jalea tu nombre, al tiempo que los flashes de la prensa de medio mundo te iluminan la cara, la vida debe de parecer un auténtico regalo.

Pero vivir ese momento tan dulce está al alcance de muy pocos, a los que nadie les ha regalado nada. Pocos se acuerdan hoy de la temporada de Peter Sagan, ese eterno maillot verde, que pese a que en dos años no ha conseguido ganar ninguna etapa del Tour, no se le puede poner ni un pero a su actuación. Lo intentó por activa y por pasiva, jugándose la vida en la bajada a Gap, aquella bajada que dio al traste con la carrera profesional de Beloki y que ha Sagan le tachó de ser el eterno segundón.

Tampoco ha tenido suerte este año Peter Sagan en las clásicas del pavé, la sequía de podiums, dio alas a su jefe, el poderoso Oleg Tinkov para cuestionar “megafono en mano” el rendimiento del corredor eslovaco y por consiguiente a cuestionar también su contrato.

El panorama para Peter Sagan no era fácil, terminar un Tour de Francia sin haber ganado ninguna etapa, con la presión constante a la que le somete su pagador, se unió a esta “fiesta” una desafortunada moto en la Vuelta España, que dio al traste con todas las aspiraciones del eslovaco. Aún se recuerda su enfado monumental, se podría haber matado, pero seguramente lo que pasó por su cabeza es que le dejaron fuera del esprint de la aquella etapa. Algunos pusieron en titulares bien grandes “Sagan se vuelve loco”, ¿loco? esa moto pudo haber terminado con su vida o con su carrera profesional, pero es que además Sagan tenía muchas papeletas para llevarse aquella etapa, es decir de ganarse el pan, callar bocas y seguir trabajando en lo que mejor sabe hacer.

Pero Sagan se “vuelve loco” y le cuesta una multa total de 300 francos suizos y retirarse de La Vuelta debido a los golpes y quemaduras que le provocó el empujón de una moto.

Con este panorama tan desolador, parecería que la vida profesional no sonríe a Peter Sagan, pero algunos les parece poco llevarse 1 etapa en la Tirreno-Adriatico, 2 etapas en el Tour de California, 2 etapas de la Vuelta a Suiza, ser campeón de Eslovaquia en Contrarreloj y en ruta, llevarse por cuarto año consecutivo el maillot verde en el tour de Francia y conseguir una etapa en la Vuelta a España antes de ser arrollado por una moto.

En resumen, un palmarés envidiable por muchos profesionales, con el que darían por finalizada su temporada. Pero Sagan es un luchador, lo lleva en su adn y tras 260 km aparece en los últimos kilómetros del campeonato del mundo de ciclismo en ruta y se alza con la victoria. El nuevo campeón del mundo es un eslovaco de 25 años que de nuevo se vuelve “loco” y espera en pie, tras la meta a todos sus adversarios para darles la mano, un gesto al alcance de muy pocos y que engrandecen al deporte y más concretamente al ciclismo. Escuchar como la multitud jalea tu nombre mientras observas al mundo desde el podium es para sentirte una auténtica estrella del deporte, pero dar la mano uno a uno a tus oponentes, como diría mi padre, es de ser un auténtico caballero, qué grande eres Peter Sagan.

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