Tierra, agua, fuego y aire – III Marcha MTB La Torre de Esteban Hambrán

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En los días previos a la III Marcha MTB La Torre de Esteban Hambrán, pensaba que iba a tener que sufrir con los cuatro elementos clásicos griegos.

Tierra: Tenemos que rodar sobre ella y, a pesar de las últimas lluvias, aún no estaba bien compactada, y en el primer tramo de pistas saltaban muchas piedras.

Agua: Las previsiones meteorológicas apuntaban lluvias, pero, afortunadamente, salió el sol y sólo tuvimos que mojarnos los pies cruzando dos arroyos.

Fuego: Este ya sabía yo que no me iba a faltar. Como siempre, después del tramo neutralizado, se salió a tope –como dice mi pupilo el Pispa: a fuego-.

Aire: Soplaba y se notaba su intensidad. Curioso ver cómo los bikers parecíamos ciclistas de carretera cogiendo rueda para procurarnos abrigo del viento.

En la salida, sorpresa, me encuentro con Rafael Lorenzana (ciclista profesional 1989-1992). Nos saludamos y me dice que viene a acompañar a sus hijos (Raúl y Rafa, ambos compiten) y a Roberto Torres (ciclista profesional 1987-1995).

Lo primero que me vino a la mente: Hoy, tampoco vamos a ir tranquilos. Yo había pensado tomarme la ruta con calma y hacer todo el recorrido junto a mi amigo José Manuel Cuenca, que me había acompañado hasta esta escondida localidad toledana de origen mozárabe.

Domingo, 21 de Octubre, a las 10:00 h. Ésa era la hora de la cita en La Torre de Esteban Hambrán. Llegamos con las primeras luces del día, casi al amanecer, y bajamos nuestras bicicletas del coche para poder desplazarnos a por los dorsales. Debíamos buscar a Alberto Alonso y enseguida dimos con él. Nos presentamos y recogimos nuestros dorsales. Charlamos de cómo iba a ser la ruta, de su preocupación durante los días previos por la escasa inscripción que llevaba y de su satisfacción por el día que había amanecido y por la buena afluencia de bikers que al final había logrado.

Antes de salir, homenaje a Juan Antonio Rodríguez (Cotu), Campeón del Mundo en ParaTriatlón Larga Distancia. Ejemplo de superación y valentía. Se enfrentaba a su primera prueba MTB y con una bici sin adaptar.

Salida neutralizada, paralelos al Arroyo de Montrueque, y, en cuanto la moto que abría se retiró, apretón para todos.

La ruta hacía una especie de ocho, con 44 km de recorrido y un paso por el casco urbano donde estaba instalado el avituallamiento.

Una primera parte, con mucha zona de pista ancha, paisaje descubierto, zona de vid y cereales. Cómoda, con continuos sube y baja, pero sin grandes pendientes. Fácil y apta para todos los públicos. Y tras el avituallamiento, la subida más dura, una parte técnica, estrecha y con más desnivel. Bosque de encinas, con retamas, tomillo y vegetación de monte bajo.

El tren unido y compacto de bikers fue convirtiéndose en vagones deslavazados. Soplaba el viento en los páramos descubiertos y cada uno nos fuimos colocando según nuestros billetes. La familia Lorenzana, con el padre a la cabeza, fueron de los primeros en dejarse ver por las posiciones delanteras. Roberto Torres y mi compañero J.M. Cuenca perdieron contacto y yo tuve momentos en los que pasé entre dos aguas. Los pequeños Lorenzana se quedaron tras de mí y, antes de llegar al pueblo, me alcanzó el que luego fue mi compañero de ruta hasta la meta, Ángel File (C.C. Camarena).

Al paso por el avituallamiento, sacábamos mucha distancia a nuestros perseguidores, no éramos capaces de ver a nadie, parecía que estábamos haciendo la ruta solos. Algunos de los más rezagados, cuando llegaron al avituallamiento, pensaron que era buen momento para terminar la prueba.

Aflojamos la marcha e incluso fuimos charlando de nuestras cosas. Mal ritmo llevábamos si nos permitía ir hablando. Realizamos juntos, y esperándonos, la subida a La Capitana y toda la parte más técnica. Y antes de llegar al circuito de motocross, por detrás, aparecieron los hermanos Lorenzana, que se habían recuperado muy bien –son insultantemente jóvenes- y, con ellos, aumentamos el ritmo de nuestra marcha. Tanto, que hasta nos pasamos de frenada en un cruce y tuvimos que rectificar atrochando.

Gracias a ese error, Roberto Torres nos alcanzó en el paseo de sombra permanente, aportada por unos grandes chopos, paralelos al arroyo que discurre por el pueblo. Los jóvenes, que aún tenían gas, apretaron para entrar antes que nosotros en meta. Los veteranos, curtidos en mil batallas, no hicimos mucho esfuerzo por seguirlos y terminamos juntos. Éramos de los primeros en llegar, apenas había participantes en la llegada. Nos tomamos algo de comer y beber para quitarnos el susto y luego, risas a cuenta del último pique con los chavales. José Manuel Cuenca tardó unos minutos más en llegar, pero mejora a pasos agigantados. Fotos para recordar el evento y a cambiarnos de ropa, que hacía fresco.

En definitiva, una ruta agradable de realizar y sin grandes dificultades. Muy recomendable para gente que se está iniciando y quiere probar a hacer rutas con más gente. Buena prueba, para sacar lo mejor de las condiciones ruteras de mi ORBEA ALMA 29’’. Cada día que salgo con ella, tengo más claro que es un acierto ir con ruedas de 29’’.

En cuanto a la organización, excelente. El recorrido, bien señalizado con placas y con yeso. El pueblo, volcado con la prueba. Los integrantes del motoclub, guiando la prueba y señalizando los cruces. La Guardia Civil, atendiendo el corte de la carretera. Las mujeres de la Asociación Alamín, preparando una enorme caldereta. Las cooperativas de vino, Ntra. Sra. de Linares, Stmo. Cristo de la Salud y Bodegas Alonso Cuesta, aportando una botella de recuerdo a cada participante. Y todos los torreños voluntarios que amablemente nos ayudaron a pasar una agradable mañana de MTB.

Agradecer a la Diputación de Toledo y a todos los patrocinadores de la prueba su colaboración; al Exmo. Ayuntamiento de La Torre de Esteban Hambrán, su implicación. Y, por supuesto, a todos los socios integrantes de La Torre MTB que han trabajado antes, durante y después de la marcha.

Anotad esta prueba en vuestro calendario, no podéis faltar en la próxima edición. No os defraudará y os iréis a casa encantados de disfrutar de la bici y de un cálido ambiente que los torreños os proporcionarán.

Nos vemos por los caminos.