II Reinos MTB Race 2015. Pedaleando desde dentro

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Con muy pocos kilómetros de entrenamientos en nuestras piernas, la localidad de Lorca nos abría sus puertas para tomar parte en la primera edición de la prueba por etapas, II Reinos MTB Race.

El jueves noche nos poníamos rumbo a la localidad de Lorca. Horas al volante y cientos de kilómetros recorridos ponían a prueba nuestras ansias por vivir una aventura por etapas como esta. Cansados, tras haber cruzado de punta a punta la península, todo esfuerzo había merecido la pena tras contemplar la belleza del que seria nuestro lugar de descanso tras cada etapa, El Parador Lorca. Ubicado en lo mas alto de la colina que se alzaba sobre la localidad, junto al precioso Castillo de Lorca, que seria el lugar elegido por la organización para el evento.

A las doce de la mañana del viernes, en las instalaciones del Parador, daba comienzo la bienvenida en la que los organizadores nos daban a conocer las pautas que debíamos seguir los participantes. Tanto de seguridad, compañerismo como de medio ambiente. En ellas, una vez más, se intentaba inculcar al ciclista, de que los envoltorios de alimentos no deben de ser lanzados en el recorrido si queremos conservar el medio ambiente. Cosa que a unos pocos aun les queda por entender.

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Llegaba la tarde del viernes, ya montados en nuestras bicicletas, mi compañero y yo descendíamos desde el castillo para tomar parte en la primera etapa. Una crono escalada de nueve kilómetros que comenzada desde la rampara instalada en el centro de la plaza. Junto a la rampa, un cronometro de grandes dimensiones marcaba la cuenta atrás de la salida de cada participante.

A través de la megafonía, se iban citando dorsales para que los participantes se fuesen acercando a su turno de salida. Las pulsaciones subían y los nervios se iban notando, mas aun al ver que apenas quedaban participantes y yo aun no había salido. Pero antes o después mi dorsal tenia que ser nombrado, y allí estaba yo, en lo alto de la rampa… todas las miradas del publico clavada en mi por un momento, y detrás, justo detrás, esperando su salida, Luis Leão Pinto. El claro favorito y quien se hizo con la victoria final de la primera II Reinos MTB Race.

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Tres, dos, uno, y lanzaba mi bici por la rampa, adentrándome en las empedradas calles de Lorca donde en cada curva la gente te aplaudía tanto que era imposible actuar con serenidad y pensar en bajar el ritmo, e ir a disfrutar como me había planteado.Tras serpentear entre calles, ascendíamos por unos escalones, un trazado diferente, mis pulsaciones no bajaban de 180 y mi chip había cambiado, estaba en modo «como cuando competía en Open» pero pronto tus piernas te devuelven a la realidad. Al poco tiempo veo como un misil de color verde me pasa y entonces veo que es Pinto, sus piernas van acorde a su chip, y desde ese punto comienza la verdadera subida.

Tras cruzar un túnel en el que no consigo ver el suelo, serpenteo por un sendero de graba que me lleva a la trialera rompe piernas, técnica y muy dura, donde a día de hoy me resulta imposible subir sus apenas cuarenta metros. Echamos pie al suelo y empujamos nuestra montura pero seguimos dando lo que tenemos. Una vez pasado ese tramo, la pista se hacia cómoda y ancha, con menos pendiente pero mis piernas sufrían igual. Ya en el tramo final, con algo mas de ritmo, conseguía alcanzar algún participante, recuperando alguna posición antes de cruzar la linea de llegada, donde mi compañero cámara en mano, esperaba fotografiar mi agonía.
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Una vez cruzada la meta se realizaba un recorrido de enlace, ya fuera de carrera, que nos llevaba a la salida donde la organización aprovechaba la ocasión para que disfrutásemos de senderos en los que cruzábamos bonitos puentes que eramos obligados a realizar andando por precaución. Al final del tramo, la zona de enlace nos llevaba por el interior de las murallas del castillo ofreciéndonos un paseo con vistas impresionantes, antes de descender a la plaza de Lorca finalmente.

Las piernas estaban mas cansadas de lo planificado, nos habíamos pasado de revoluciones, y al día siguiente nos enfrentábamos a 107 kilómetros de mtb. Antes de dar por finalizado el día, quedaba testear la mecánica de las bicis y cenar bien par llenar los depósitos de energía.

Sábado por la mañana, suena el despertador y Lorca amanece a nuestro ritmo. O al mio, puede que mi compañero despierte a un ritmo mas lento. Preparamos la ropa, y decidimos los geles y barritas que vamos a llevar, nuestra mesa parece una tienda de complementos deportivos. Hoy toca darse crema en la zona de contacto con el sillín, tenemos poco rodaje sobre el y nos informan que por el camino se levantara mucho polvo.

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Como es de esperar en nosotros, llegamos si no es los últimos los penúltimos, pero disfrutamos de las vistas y del ambiente, antes de ponernos en modo «hoy va a ser un día largo compañero». La salida se realiza en el interior de la murallas del castillo, es impagable ver salir de allí una prueba como esta. Animados, nos venimos arriba, el día promete, y pronto el pelotón ya rueda por amplias pistas de cómodo paso. 20, 40, 60…, los kilómetros pasan entre pistas rodadoras, por parajes tan secos que el polvo sobre las pistas es el único aspecto técnico de pilotaje. Mediada la prueba, un descenso muy polvoriento hace peligrosa la bajada donde tenemos algún que otro susto, yo voy directo hacia una zanja mientras mi compañero ya me ve en el suelo, pero por suerte en el ultimo momento consigo librar, termino en la zanja, pero no llego a morder el suelo.

Al finalizar la bajada, cruzamos una presa que nos lleva a un paso por un túnel, una presa construida en un cañón con salientes cortantes que durante unos segundos nos hace girar las cabezas para disfrutar de las bonitas vistas. A partir de aquí volvemos a una etapa en la que echamos de menos un trazado mas puro de mountain bike, que nos aleje de tantos kilómetros rodadores.

Superamos ya el kilómetro 70, seguimos rodando por pistas polvorientas a mas de 30km/h, resulta relativamente fácil rodar a esa velocidad y pronto alcanzamos un cuarteto entre los que se encuentra una fémina. Me hace especial ilusión ver a féminas practicando un deporte tan duro, y en el que tristemente escasea su participación. Por si fuera poco, resulta ser una chica muy maja y decido echarla una mano en una etapa tan rodadora, ya que tras ella viene una chica a la que le acompaña un chico que tira de ella y la abastece en los avituallamientos. Ahora mi compañero de aventuras y yo tenemos otra compi, Lidia, toda una maquina.

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Al llegar al siguiente avituallamiento nos detenemos durante un largo tiempo, Lidia continua sin parar, lo que nos hace perderle de vista.

La meta cada vez esta mas cerca y en el tramo final disfrutamos de pequeños tramos mas divertidos, algún sendero en subida y un tramo divertido de bajada se unen a un tramo de río seco. Apenas nos faltan 5 km, seguimos a un ritmo bueno y no hemos vuelto a ver a la chica que habíamos conocido, pero a falta de 2 kilómetros, a lo lejos, veo a una chica y 20 metros mas adelante veo a Lidia. La chica que le sigue la va cogiendo poco a poco, pego un tirón y cojo a mi compi de etapa para ponerla a rueda y tirar de ella hasta cruzar la meta. Bonita experiencia, chocamos las manos, ¡hemos hecho un buen trabajo!. Tras nosotros llega mi compañero, con el también choco la mano, se ha hecho larga pero ya estamos en meta.

Ya solo queda comer en la zona de meta y esperar al autobús que nos llevara a la Posada para poder descansar. El transporte de vuelta parece no salir y pronto nos informan desde la organización que parte de los participantes que no habían contratado el servicio de autobús, tirando de poca vergüenza, han utilizado el transporte contratado por otros para volver a Lorca, por lo que nos quedamos en tierra mientras la organización busca una solución. Gracias a la picaresca de unos pocos, nuestras bicicletas llegan a nuestras manos con unas cuantas horas de retraso, que nos impide poder utilizar la tarde para descansar de una etapa en la que hemos consumido tanta energía. Miramos el reloj y son ya las 23:10, a estas horas ya deberíamos estar en la cama, ya que mañana toca madrugar puesto que tenemos una hora y cuarto de viaje para llegar al lugar desde donde se realizara la salida de la ultima etapa. No esperamos mas y nos vamos a dormir.

Antes de lo que le gustaría a nuestro cuerpo llega el domingo, el despertador hoy no suena con esa melodía chula que yo tengo como predeterminada, hoy suena a una piedra de un kilo que golpea en mi cabeza. Miro hacia la cama de mi compañero, el lo tiene claro, al menos eso me intenta mostrar cuando se da media vuelta y se coloca la otra almohada encima. 6:30 de la mañana, hoy Lorca me dice que que le queda un poquito mas, que vaya yo tirando y que ya despertara un poco más tarde. Esto es un complot! Y mis piernas parecen querer unirse a el.

Pero hemos venido a andar en bici, y por mucho que quieran remolonear tanto Lorca como mi compañero tienen que ir despertando, porque queda un gran día por delante.

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Deprisa y corriendo desayunamos antes de despedirnos del espectacular parador, la noche anterior pudimos escaparnos a su Spa mientras esperábamos la llegada de nuestras bicicletas. Donde las velas adornaban la pasarela de madera que unía la zona termal y la piscina de techo acristalado con su luz tenue. Sobre la mesa reservada para nosotros, unas brochetas de fruta y un te remataban aquel momento de relax.

Estábamos en Archena y el planteamiento hoy estaba claro, la idea era salir mejor posicionados para no vernos tan retrasados, pero finalmente el tiempo se nos venía encima y salíamos a cola de pelotón.
La salida se daba desde El balneario de Archena, un lugar que sin duda daba vistosidad a esta última etapa en la que decidiría los ganadores de la primera edición de la II Reinos mtb race. A los que acompañarían los otros casi 200 participantes que esperaban lograr se finisher.

Tras dejar el tramo de asfalto a un lado, comenzaba la primera de las tres ascensiones importantes, esta primera con una longitud total de 12km que transcurría por pista amplia de grava y polvo sin grandes desniveles, y que en su tramo final nos permitía pedalear por un trazado en el que podíamos ver hileras de bikers retorciéndose en el sendero que subía por el acantilado.

Una vez coronado, comenzaba un descenso de esos a los que ya estábamos acostumbrados, pero cuando parecía que volveríamos a dejarnos caer, los voluntarios nos hicieron desviarnos hacia un sendero donde comenzó un disfrute que la organización nos había guardado para el último día. Bajada empedrada, raíces, pequeños saltos…. ¡Compañero! Esto es mtb del bueno….

Minutos de descenso revirado que nos llevaron a una senda que picaba hacia arriba encaminándonos a lo que parecía ser un antiguo camino de paso se mercaderes. A nuestra izquierda pared de roca, a nuestra derecha, para algunos era mejor no mirar si sufrían de vértigo. Con apenas un metro de anchura, este fue nuestro camino durante kilómetros. Senderos de pilotaje cuesta abajo, senderos preciosos llenos de piedras cuesta arriba….En la penúltima cuesta, donde cada veinte metros girábamos 180º, serpenteábamos en un estrecho sendero lleno de piedras, aquí fue donde Pinto, el ganador de la general, decidió romper la carrera en la última etapa.

Ya en los kilómetros finales  volvíamos a hacer cumbre en la primera cima de la etapa, esta vez en dirección contraria, nos dirigíamos a meta. Ayudando en esta ocasión a otra de las féminas, el velocímetro superaba los 50km/h en el descenso. Acoplándonos al manillar para rodar a todo lo que nos permitían nuestras piernas conseguimos alcanzar la meta tras unos duros kilómetros finales. Encantado por haber ayudado a otra chica, y con una sonrisa de oreja a oreja por conseguir ser finisher con mi compañero y gran amigo con el que siempre disfruto realizando aventuras como estas.

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Sin duda, muy agradecidos por habernos permitido disfrutar de esta prueba que nos ha hecho conocer Murcia sobre las dos ruedas.

Una prueba con gran potencial, en la que ya se perciben detalles de las grandes pruebas, que siguiendo por el buen camino se convertirá en una referencia, aun teniendo en cuenta esos puntos a modificar, de los que no nos cabe la menor duda que la organización ya habrá cogido nota para pulir lo antes posible.

Encantados por haber disfrutado pedaleando con gente maravillosa con la que hemos podido alcanzar cierta amistad. Y como no, obligados a agradecer a Pedro (cocinero del Parador Lorca) por habernos ofrecido su hospitalidad.

Prometemos entrenar más para la próxima.

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