Ecologetas y políticos unidos en contra de la bicicleta de montaña

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La foto podría denominarse pan para hoy y hambre para mañana, pero es una simple imagen de dos ciclistas comprando el pan en el Mercadona, así que no le des muchas vueltas.

No hay semana en la que no salte una noticia en territorio español, en la que un político, por arte de magia, aunque la mayoría son por la gracia de dios, prohíba en determinados senderos y caminos circular en bicicleta de montaña.

Esta semana de nuevo, en diversas localidades de la sierra madrileña, se han visto Agentes Forestales persiguiendo y controlando a personas que montaban libremente y en armonía con sus bicicletas de montaña por caminos y senderos.

Ni es la primera vez ni la única, pues este acto vergonzoso, a todos los niveles, se viene repitiendo desde hace muchos meses, y no solo en Madrid.

Por mucho que se repita, es falso que las bicicletas deterioran los caminos

Vamos a ser claros antes de extendernos, porque seguro que me existiendo y eso que he dejado pasar dos días a que se me ha enfriado un poco la sangre.

No existe ningún estudio científico, ningún dato fehaciente, ni tan si quiera una pequeña razón, que demuestre que las bicicletas destrocen los caminos o molesten a la fauna. Es más, si fuese cierto, que podría serlo cuando alguien lo demuestre, no sería razón para prohibir el paso de bicicletas por ningún sendero ni camino.

Y podría enumerar decenas de actividades y hechos que se realizan a diario, incluso dentro de Parques Naturales y Nacionales, que habría que eliminar mucho antes que los ciclistas de montaña en los senderos, pero esto no va de echar la culpa al otro, sino de quien, por la gracia divina, decide quien y quien no puede hacer uso del campo.

Un coche «deteriora» el asfalto, y no se prohíbe su paso, sino que se mantiene periódicamente

Existe el pensamiento ya común, de tanto repetirlo como cotorras, de que los ciclistas son los culpables de que tal camino esté así, de que este animal no crie aquí allí, hasta de que espantemos la caza y no puedan matar animales a tiros…

Hay que tener un cuarto de dedo de frente para saber que un grupo de senderistas hace bastante más ruido incluso que decenas de ciclistas en bicicletas eléctricas, por no decir de que quien va a pasear tarda mucho más en alejarse e incluso se quedan durante horas en un mismo lugar, o monte a través…

Salvo por iniciativas privadas, ya sean empresas, clubes ciclistas o simple biker, ningún político mueve el culo por gestionar lo que en otros países llevan décadas no solo gestionando, sino sacando beneficio con ello.

Beneficio significa, primero mejorar el medio ambiente, segundo, crear puestos de trabajo, tercero mejorar la economía de zonas prácticamente despobladas, tercero mejorando la salud y el bienestar de sus ciudadanos, y así un largo etcétera que se cargan de un plumazo dando la orden, cual capitán de un ejército, dictaminando la prohibición del paso de bicicletas.

Si es cierto que un camino se deteriora por el paso de ciclista, que repito es totalmente falso, la solución no es prohibir, es arreglar el puto camino cada vez que se rompa.

Es de risa, cada vez hay más bicicletas y ciclistas, y menos zonas donde poder montar

Como no quiero nombrar los males reales que hay en el campo, porque no tengo ganas de eschar tonterías de determinados sectores, te voy a contar un cuento:

En él puedes elegir entre tres protagonistas, todos ellos tienen algo en común, y es que su mejor amigo es el político de turno que no sabe ni lo que es una montanbai.

Tenemos al ecologista, que cada domingo va al campo con su coche SUV a oler las margaritas, mirar por los prismáticos las copas de los árboles y comerse el bocata de jamón con tomate. Todo lícito y correcto.

También puedes elegir como protagonista a un senderista, que se ha recorrido todos los GR, PR y SL de España, y su única afición es ir buscando indicios del paso de ciclistas de montaña por lugares donde la ley lo prohibe.

Y como comodín, por si no te gustan los dos anteriores, tenemos al dueño de un coto privado de caza, cuyo negocio se basa en que alguien pague por matar a tiros en las tierras que regenta.

¿Ya has elegido uno? ok, pues ahora va el cuento:

El que has elegido se llama manolito, seguro. Manolito está hasta las narices de cruzarse con ciclistas de montaña por los senderos que transita. Algunos van muy rápido, otros modifican los caminos con saltos y peraltes, los hay incluso que abren nuevas sendas o van campo a a través. No hay nada que más reviente a manolito que cruzarse un domingo por la mañana con un grupo de ciclistas de montaña.

Manolito está harto, y decide ponerse manos a la obra.

Manolito tiene un amigo que es concejal en el ayuntamiento de turno, le cuenta que las bicicletas y los ciclistas de montaña son el diablo.

El político dice que si no es con un estudio de un biólogo o de medio ambiente, no puede hacer nada. Pero manolito tiene más amigos.

«Toma Paco, aquí tienes el estudio firmado por mi amigo el ecologeta»

Manolito

Ahora solo queda esperar a la firma del ser superior, llámese alcalde o mandamás de un territorio.

Fin del cuento.

En resumidas cuentas. No se gestiona por que cuesta trabajo y dinero, además de que son unos putos vagos chupando del bote.

No se preocupan si quiera de ver como se hace por ejemplo en Los Alpes, por poner un ejemplo cercano, donde miles de turistas conviven cada verano en los innumerables senderos creados para pasear, ira caballo y montar en bicicleta, (incluso en moto).

No se preocupan de mantener los senderos ante el auge de personas en el monte, sean senderistas o ciclistas.

No se preocupan de crear más senderos específicos para ciclistas de montaña.

Por no preocuparse no se preocupan ni de intentar sacar rédito económico de una actividad con cada vez más usuarios en todo el mundo. Se creen que los ciclistas no dan dinero.

No se preocupan por nada. Prohíben al ciudadano y echan la pelota a las fuerzas del orden.

El día que vean los puestos de trabajo y la de millones de euros que generamos los ciclistas en todos los sentidos, quizás, y solo entonces, nos reciban como a sus nuevos mesías.