Desde la soledad de mi bicicleta, simplemente gracias.

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¿Qué harías si te dijeran que te quedan unos días de vida, quizás unas semanas?

Este pasado fin de semana, me levanté proponiéndome salir a dar una vuelta en bicicleta. Pero la verdad es que últimamente me esta costando comenzar con el ritual de dejar las cosas preparadas por la noche, para tener todo listo a primera hora y salir a realizar una de mis pasiones, pedalear por mitad del campo.

Me levanté tarde, desayuné tarde y me puse a jugar con mi hijo.No se me ocurre mejor excusa para evitar salir a montar, que preparar un sándwich de bellotas usando un monopatín como horno. Como vi que la mañana se me iba, decidí que sí o sí salía a montar después de comer. Y así lo hice. Pero justo antes de coger la bicicleta, mientras me ajustaba las zapatillas, eché un vistazo al móvil y me apareció en pantalla un artículo, que hablaba acerca de una bloguera del Huffington Post llamada Charlotte Kitley. Una total desconocida para mi, pero no se si sería el título del artículo (“Y todo llega a su fin”) que me hizo quedarme sentado y seguir leyendo.

Es probablemente el artículo más duro que leído en mi vida. Resumiendo un poco, en este artículo Charlotte se despide sabiendo que le que quedan unos días de vida tras haber luchado contra un cáncer, a sus 36 años dice adiós a sus dos hijos , a su marido,a su familia y amigos. El caso es que lo que más me llamó la atención de este relato es que al final del todo Charlotte, de lo que se acuerda y que va a echar de menos son lo que para nosotros es cotidiano y mundano, lo que solemos llamar, “esas pequeñas cosas”.

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Terminé de abrocharme las zapatillas, cogí mi bicicleta y salí a pedalear. El día estaba gris y soplaba un aire bastante desagradable. Hacía tiempo que no salía solo a montar, la verdad es que no me gusta mucho, prefiero salir en buena compañía, echar unas risas y tomar una cerveza sin alcohol con limón al finalizar la ruta, para recordar y comentar las anécdotas de la jornada. Pero hoy tocaba salir solo. Impactado aun por el artículo que acababa de leer, no pude dejar de pensar en ello, de hecho, no se cuantos kilómetros hice sin ser consciente, me refiero a esa extraña sensación de haber llegado a un punto sin acordarte de cómo has llegado hasta allí. A mi me suele pasar cuando me concentro en algo a lo que no paro de dar vueltas y esta vez el tema se las traía: ¿Qué haría si mañana me dicen que me quedan unos días de vida? como le pasó a Charlotte….pufff la pregunta tiene tela. Y la verdad que en nuestra sociedad, o al menos como yo lo percibo, el tema de la muerte, es algo tabú. Es algo para lo que no nos preparan y que tampoco tenemos asumido que forma parte de la vida. Y que si te paras a pensarlo o al menos en mi caso es como si de repente se abriera un abismo en mis pies, jamás me había hecho tal pregunta. Parece que eso le pasa a otros, que no va contigo, pero la fecha de caducidad la llevamos escrita desde que nacemos.

Una vez escuche decir a Steve Jobs, que él cada día se levantaba de la cama, se miraba al espejo y se preguntaba si se sentía feliz. El día que la respuesta no era un si, miraba que era lo que le evitaba seguir su camino a la felicidad e intentaba cambiarlo. Steve Jobs nunca ha sido santo de mi devoción, pero creo que en eso tenía razón. Quizás no haga falta mirarse todos los días en el espejo, pero si es cierto, que de vez en cuando hay que echar la mirada para atrás y echar cuentas. No de la parte económica (esa ya nos la recuerdan queramos o no), sino de la personal, porque al final de nuestros días, creo que será lo que haya hecho que nuestro paso por aquí haya merecido la pena. Como dice Charlotte “..Al final, en la lápida no pondrá «ojalá hubiera trabajado más»…”

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Mientras subía una dura cuesta pedregosa, seguía reflexionando sobre esta pregunta, al llegar arriba del todo llegué a la siguiente conclusión. Creo que a lo que me dedicaría, si me quedaran unas semanas de vida (espero que no) sería a dar la gracias a todas las personas que han hecho que las cuentas en mi vida me salgan. Y que no han hecho otra cosa más que sumar y hacer que me mire al espejo y me sienta feliz. Pero ¿Por qué esperar a algo tan límite? Quizás sería una buena práctica dar las gracias, sin tener que esperar a que un acontecimiento de ese tipo se cruce en nuestras vidas y dar las gracias porque sí, porque es saludable para el alma, sin más. Así que lo haré. (No voy a dar la chapa aquí enumerando a cada una de las personas, así que lo que haré será enviarles el artículo dándoles las gracias).

A mi lo que me gustaría es llegar al último día (como leí no se donde y adaptándolo al mundo de la bicicleta, con todos mis seres queridos esperando mi llegada y aparecer no con la bicicleta impoluta y un cuerpo de escándalo, sino llegar derrapando con media cubierta rajada, el cuerpo magullado por todas partes y levantado una polvareda de escándalo y diciendo…¡amigo ha sido duro, pero mereció la pena!

Así que finalmente llegué de mi ruta en bicicleta introspectiva, le dí un beso a mi hijo y continúe disfrutando de algo tan mundano como preparar sándwiches de bellotas.

Muchas gracias a tod@s los que habéis llegado hasta este párrafo por aguantar tal tostón y gracias Charlotte, por recordarme lo que realmente es importante en esta vida.