Desde el otro lado del charco: El jardinero impaciente

 

“El éxito no se logra sólo con cualidades especiales. Es sobre todo un trabajo de constancia, de método y de organización”. (J.P. Sergent)

Como hoy me siento Zen, he decidido que nada mejor que utilizar la muy socorrida  analogía del crecimiento del bambú japonés y la consecución del éxito para hacer referencia a uno de los mayores errores que cometemos los emprendedores cuando iniciamos una nueva andadura profesional: la impaciencia.

«Es muy curioso lo que sucede con el cultivo del bambú japonés y que lo hace poco apto para jardineros impacientes», más o menos así empieza este relato que me sirve hoy para ilustrar este texto y del cual desconozco el autor original del mismo, pues hay múltiples versiones. Y es que, el bambú japonés tiene una particularidad que consiste en que una vez sembrado, se riega y se cuida nada menos que durante 7 años sin que pueda apreciarse absolutamente nada en cuanto a su crecimiento durante ese tiempo, nada en absoluto. Sin embargo, en el séptimo año y como por arte de magia, esta planta empieza a desarrollarse, llegando a crecer hasta 30 metros de altura en tan solo 6 semanas, si habéis leído bien, en tan solo 6 semanas puede crecer hasta 30 metros.Esta situación de cara a un jardinero inexperto (o un neófito en la materia como yo) podría ser frustrante si no conoce el comportamiento de dicha planta al observar que supuestamente «no pasa nada» durante esos primeros 7 años. Incluso llegará a pensar que su trabajo ha sido totalmente en vano o que ha comprado semillas estériles, la tierra no era lo fértil que debería, no ha regado suficiente o simplemente que no ha sabido cuidar bien de su huerto de bambús. Es tal la frustración que causa el cultivo del bambú en manos inexpertas que el abandono de la siembra de esta planta es superior al 95% por manos de los jardineros que un día iniciaron su cultivo.

Al leer esto, uno de los primeros pensamientos que nos podría venir a la cabeza es que el bambú crece 30 metros en solo 6 semanas, pero la realidad no es así ni mucho menos. El bambú está creciendo continuamente durante los 7 años de aparente inactividad desde que su semilla fue plantada. Lo que el jardinero inexperto (impaciente) no ve, es que durante esos 7 años y de manera «no visible» la planta fue creando un complejo entramado de raíces, desarrollando una base fuerte y firme que servirá para que luego pueda sujetar con firmeza el rápido crecimiento de 30 metros que tiene lugar en tan solo esas 6 semanas.

El jardinero impaciente 2

Después de esta breve lección de horticultura, que es más que conocida por los gurús del coaching y dejando a un lado las connotaciones botánicas, esta analogía es totalmente válida para ilustrar los diferentes puntos de vista entre la cultura empresarial latina y la japonesa. Está última toda un referente en lo concerniente a temas de éxito empresarial por méritos propios.

En nuestra vida cotidiana estamos rodeados de jardineros impacientes. Hay muchas personas que tratan de encontrar soluciones rápidas y triunfos fugaces, que se creen que por el mero hecho de plantar una semilla, ésta sola por arte de magia germinará y nos dará los frutos deseados, sin prestar apenas atención y destinando a su cultivo solo los cuidados mínimos, pues se da por hecho que si la semilla es buena germinará a toda costa. Pero esto no es así, el mero hecho de contar con las mejores semillas y una buena tierra de cultivo, no nos garantiza el éxito de una cosecha buena y abundante.

Este pensamiento erróneo es debido al concepto de éxito que está posicionado en nuestra cultura, donde está muy arraigado el pensamiento de hacer las cosas por la «ley del mínimo esfuerzo», pensando que una buena oportunidad de negocio exitoso solo consiste en tener una idea original, una localización apropiada, la promoción justa y un poco de suerte. Tal es la mentalidad de nuestros deseos de logro cortoplacista, que nos permitimos el «lujo» de esperar tener amortizada la inversión de nuestro negocio en un brevísimo plazo de tiempo. La ceguera mental de todos estos jardineros impacientes o emprendedores visionarios los  hace pensar que su idea para llegar al éxito rápido es tan buena que en pocos años ya estará viviendo de las rentas en su casa de lujo y disfrutando de un buen coche deportivo. Basta con mencionar que el 80% de las empresas de nueva creación hacen planes para que en muy corto plazo, que suele rondar los 3 años, su «semilla de bambú» ya les dé el suficiente dinero que les permita llevar una vida de lujo y comodidades y puedan empezar a gastar en comprar coches caros, muebles caros, relojes caros, etc.

El jardinero impaciente 3

Por el contrario, en la cultura japonesa no se empieza a hacer planes de retorno de la inversión hasta los 20 años. Pero cómo es esto posible, os preguntaréis.La respuesta es simple: paciencia y buen hacer. O lo que es lo mismo, coherencia aplicada al ciclo de vida de la empresa. Los japoneses conocen el ciclo y los cuidados no solo del bambú japonés, sino también del tiempo de maduración de sus empresas. Para ellos la empresa es un ente vivo, la puesta en marcha de una nueva empresa es como esa semilla que requiere cuidados excepcionales hasta que llegue a su madurez y nos dé los frutos deseados, pues durante todo el proceso de maduración debe pasar por distintas fases, desde su crecimiento hasta llegar al desarrollo completo, donde se materializa realmente los esfuerzos dedicados en forma de éxito. Y hasta llegar a ese pleno y sostenible grado de madurez basado en unas fuertes raíces, prácticamente todo el dinero generado se va reinvirtiendo en el cuidado y desarrollo de la empresa. Ya que al igual que en la siembra del bambú, las necesidades a lo largo del tiempo de nuestra empresa no serán las mismas a cuando es un retoño, está creciendo o es madura. Los japoneses, simplemente son coherentes, no derrochando en cosas innecesarias que nada tienen que ver con el crecimiento y sostenibilidad de su negocio. Ellos saben que cuando su empresa llegue a ser madura y a pesar de esperar 20 años, con los resultados obtenidos podrán repartir dividendos, mejorar las condiciones de sus trabajadores, vivir con comodidades los directivos, sus hijos y los hijos de sus hijos. Como véis nada que ver con nuestras miras cortoplacistas.

Con esto no digo que tengamos que esperar a que nuestro negocio sea sostenible no antes de 20 años, sino que debemos tener paciencia, crear unas raíces fuertes y prestar el máximo de cuidado, atención y sabiendo reinvertir con coherencia para ir avanzando en nuestro proyecto de negocio (o personal) y que de esta forma algún día podremos disfrutar de un éxito estable y fructífero. La mayoría de las personas no entiende que el éxito es el resultado de un crecimiento interno y que viene determinado por un proceso de formación continua y trabajo duro en el día a día y que es solo cuestión de tiempo alcanzarlo (llave del 5). Basta con que lo cultivemos y dediquemos el tiempo y esfuerzos necesarios para que en un futuro veamos materializados los resultados de nuestros sacrificios y nuestro buen hacer.

Quizá esta misma impaciencia respecto de nuestra mentalidad empresarial, de la que hacemos gala como buenos latinos, es la que también hace que muchos de aquellos  aspirantes a empresarios de éxito y que desean resultados a corto plazo abandonen súbitamente todo el trabajo realizado hasta la fecha justo cuando ya estaban a punto de conquistar su meta. Podríamos estar en nuestro año 7 y no saberlo y por tanto estaríamos a punto de empezar a brotar súbitamente hasta lo más alto. Situación que no llegaremos a descubrir si la impaciencia nos hace abandonar antes de alcanzar nuestra meta. Pero claro, es tarea difícil tratar de convencer al jardinero impaciente y hacerle comprender que solo verán recompensados sus esfuerzos y sudores aquellos jardineros que trabajan de forma perseverante, constante, inteligentemente y que saben esperar para obtener los resultados óptimos, aunque antes no vean materializado nada de su duro trabajo. Pero la realidad es que solo de esta forma se puede colaborar para alcanzar el éxito de una manera más sólida y rápida .

La impaciencia es un mal para todo en la vida para el que no hay vacuna. Para el que busca obtener éxito en los negocios o en la vida también. Nadie puede saber a ciencia cierta cómo será la evolución de nuestro negocio (o nuestra vida), si nuestra idea de negocio calará o será una moda pasajera, si un producto tendrá o no el resultado deseado, etc. No hay Bussiness Plan, Estudios Marketing o Sociológicos que nos digan la evolución real de un mercado, hasta las grandes empresas han tenido grandes reveses después de apostar millones en la creación de un nuevo producto tras colocarlo en circulación a pesar de gastar sustanciales cantidades en estudios de mercado. Todos estos estudios que venden muy bien ante según qué foros, están basados en hipótesis estadísticas, son meros informes basados en números. Pero no tiene la capacidad de ver el futuro.

El jardinero impaciente 4

El jardinero impaciente a veces se encontrará frente a situaciones en las que aparentemente parece que nada está sucediendo, cuando la realidad es bien distinta, pues no siempre se percibirán de manera tangible nuestros esfuerzos en el corto plazo, pudiendo resultar muy frustrante. Pero es en esos momentos cuando debemos recordar  el ciclo de maduración del bambú japonés y pensar que si nos rendimos ahora por no ver el resultado esperado de un día para otro es probable que el trabajo y cuidados que hemos dedicado al cultivo del bambú o de nuestra empresa no lo veamos jamás. Lo más sensato es seguir trabajando en el cultivo de nuestro bambú (empresa) para conseguir llegar al séptimo año  y empezar a visualizar los logros. No bajemos la guardia ni abandonemos por no ver los resultados que deseamos a corto plazo, todo lleva su tiempo y el éxito se crea a base de pequeñas dosis diarias de esfuerzo, es gradual y no cae del cielo. Lo ideal sería conocer el ciclo de maduración de nuestro negocio para llegar a obtener un éxito pleno y sostenible, pero como en la mayoría de los casos eso es imposible, basta con que recordemos esta analogía antes de renunciar a nuestros sueños.

No olvidemos que para triunfar en cualquier propósito de la vida hay que ser perserverante en nuestro trabajo sin esperar ver resultados inmediatos, porque es el trabajo diario el que nos hará madurar, crecer como personas y emprenderores y nos aportará poco a poco la dosis de conocimiento necesario para que como en el caso del jardinero paciente que cultiva bambú japones y sin ninguna clase de arte de magia por medio, podramos ver los resultados de todo el trabajo realizado anteriormente, llegando a alcanzar el éxito justo en el momento en que éste debe llegar y sustentado bajo unas raíces fuertes.

Simplemente recordad que no hay que ser ingeniero agrónomo para saber que una buena cosecha requiere de buenas semillas, buen abono y cuidados constantes. Pero también conocer los ciclos de siembra, cultivo y recolecta. Palabra de jardinero paciente.

Angel García.