Eusko Bike Challenge 2014: El Infierno Marojo

Dorsales iberobike

El pasado 14 de junio de 2014, en la población de Santa Cruz de Campezo  (Álava), se celebró la 3ª edición de la titánica prueba Eusko Bike Challenge Non Stop MTB e Iberobike estuvo allí para poder contaros la experiencia de primera mano.

El año pasado tomamos parte en la 2ª edición de la prueba, pero debido a una conjunción de factores: barro, calor agobiante, tábanos, mala gestión de las fuerzas y una fuerte caída, cuya consecuencia fue una rotura del cartílago de la mano, tuvimos que retirarnos en el corte de Maeztu. Por ello, para la 3ª edición habíamos trazado un plan específico, donde planificamos los entrenamientos de pretemporada pensando en esta prueba e hicimos un estudio exhaustivo del track, donde, con precisión Suiza,  programamos los tiempos de paso por los cortes marcados por la organización.

Eva Garcia Ibañez de Opakua3

A las 07:00 de la mañana, de los 511 inscritos, 444 tomamos la salida desde la plaza de Santa Cruz de Campezo (552m) para iniciar la despiadada subida del Monte Ioar (1417m). Se trata de una subida de 9 km por una pista ancha pero con zonas muy rotas, donde hay que ir buscando continuamente la trazada para no resbalar con las piedras sueltas o caer en alguna de las roderas.

Cuando uno hace esta subida con los amigos, no tiene mayor problema, pero cuando sube una masa de medio millar de participantes, con ansias de ganar, se hace más complicado. Los toques de rueda, cruzadas o adelantamientos complicados fueron la tónica que marcó la escalada. Aun así, es un tramo muy acertado, ya que la anchura de la pista “traga” con todos los bikers que le eches encima y, al ser muy pendiente, ayuda a estirar el pelotón.

La subida nos llevó 1h 20m, diez minutos menos de los que solemos invertir en subirlo habitualmente, lo que nos hizo darnos cuenta de que este sobreesfuerzo podríamos pagarlo más adelante.

La gente no es consciente de que por delante hay muchos kilómetros, en un auténtico terreno rompe piernas, con pocas zonas de “relax”. Darlo todo en los primeros kilómetros a más de uno/a le costaría la carrera.

Una vez llegamos a la antena, se inicia el descenso por el sombrío y pedregoso hayedo. Es una tramo corto, pero complicado. La trazada no es fácil, las raíces son abundantes, las piedras afiladas y la tierra húmeda. Por esa razón, preferí  no arriesgar y sortear andando los 200 metros que nos separaban de la luz del sol.

Una vez fuera de esta zona comprometida, fuimos por el collado “La Llana”, un sendero que nos lleva por un precioso cresterío desde el cual se puede disfrutar de una increíble vista aérea de toda la Llanada Alavesa. Da un poco de yuyu pensar que la caída es de unos 900 metros, y un mal resbalón, puede jugarnos una mala pasada.

El sendero no es demasiado sencillo, ya que los arbustos se empeñan en atrapar nuestras bicis y las piedras, en sacarnos de la trazada.

Poco a poco vamos bajando hasta que llegamos a un tramo nada ciclable, donde hay que coger la bici a cuestas y dejarse caer por los pedregales.

El premio viene cuando vemos el cartel de “Senda La Dormida”, donde podemos dar rienda suelta a nuestros sueños más oscuros como Bikers. Bajamos por una especie de “semi tubo” serpenteante de tierra, donde disfrutamos como nunca antes habíamos hecho (bueno, nosotros sí, porque ya hemos ido por ahí en más de una ocasión). Hacer la trazada subiéndose por la pared es una sensación indescriptible.

Una vez abajo, fuimos por una pista hasta llegar nuevamente a Sta. Cruz de Campezo. Como habíamos bajado 10 minutos antes del tiempo previsto, nos permitimos el lujo de rodar más despacio hasta llegar al avituallamiento de Antoñana, donde fruta fresca, frutos secos y bebida isotónica nos esperaban.

Eva Garcia Ibañez Antoñana

La hora de partida de ese punto la habíamos puesto a las 10:15, así que descansamos, nos hicimos fotos con unos niños  que había por allí (les hacía gracia que llevásemos cuernos de diablo en el casco), estiramos un poco y a la hora prevista salimos hacia el siguiente avituallamiento: Corres.

Después de cruzar el puente de Antoñana y dejar el museo del Vasco-Navarro (el trenecito) atrás, nos adentramos en una de las sendas más pestosillas que conozco. Continuos sube-bajas, con unas palas que te hacen agradecer ese 10º piñón, nos hicieron deambular durante una hora hasta que por fin llegamos a la localidad de San Román de Campezo.

Para los que no la conozcáis, deciros que merece mucho la pena visitar este pueblo, no solo porque es una bonita localidad de montaña, sino porque allí está la famosa “Muela de San Román”, un impresionante peñasco que desafía a la gravedad formando un balcón. Las vistas desde allí son preciosas.

En esta marcha, nos llevaron en dirección contraria a la muela. La pista de ascenso va por la izquierda del pueblo y culmina en una tremenda pala, casi imposible de ciclar por lo vertical que es.

Cruzamos una verja con las bicis en volandas y llegamos al ansiado descenso por  el hayedo. Zig-zags entre árboles, rocas y roderas hicieron que nos olvidásemos de la penuria vivida hasta llegar allí. Hubo que tener especial cuidado en una zona de roderas muy profundas, las cuales las pasamos montados en la bici, pero con los pies en alto. Pasado ese pequeño paréntesis, seguimos bajando hasta llegar al parking de la zona de Corres.

EUSKOBIKE-2014

Julen Zubero Aldekoa y Unai Yus Kerejeta en su paso por Corres.

Una dura cuesta de cemento nos llevó justo hasta la fuente del pueblo, donde el agua es muy fresca y rica. Nosotros paramos allí, porque es la costumbre, aunque el avituallamiento se encontraba en la plaza principal.

Allí nos encontramos con dos compañeros del Club Ciclista al que pertenecemos, que ya se habían dado por vencidos. El infierno Marojo se empezaba a cobrar las primeras víctimas.

Al igual que en el corte de Antoñana, llegamos con 15 minutos de adelanto respecto al tiempo previsto, así que estiramos, bebimos y descansamos hasta las 12:15, hora a la que habíamos previsto partir de allí.

Abandonamos Corres por una pista vertical bastante técnica, donde las roderas y el terreno roto nos hicieron echar el pie al suelo en más de una ocasión. El calor de estos días había secado mucho el terreno, pero los tremendos pozos de barro seguían esperándonos por allí, tratando de tragarse a alguna víctima.

Por suerte no hubo que lamentar ninguna desgracia, aunque sí alguna metida de zancarrón en el barro. Sorprendentemente no encontramos a los habituales tábanos que suelen habitar en estas pozas y que el año pasado nos picaron 7 veces!!!

Superado este complicado tramo, bajamos por una pista hasta entrar por otro “halfpipe” donde disfrutamos como enanos de esta zona de Izki.

Este tramo es muy peculiar, ya que reúne todas las características de Izki: tierra, pozos de barro, rocas, raíces, bancos de arena y cantidad de roble Marojo (de ahí lo del Infierno Marojo). Es muy común ir pedaleando como un poseso y quedarte atrapado en uno de estos bancos de arena.

Cruzamos la zona de la Calzada Romana, un par de puentes y finalmente llegamos a Urturi con media hora por debajo de las previsiones.

EUSKOBIKE-2014

Allí nos esperaba un avituallamiento más serio, con pasta, fruta, bebidas, etc. También estaban los chicos de Vibike dando asistencia técnica a todo el que la necesitase. Le comenté a Rubén, el mecánico, que a mi bici le pasaba algo extraño. En las palas, se me quedaba como pegada al suelo…pero por lo visto, el problema no era mecánico, sino mío, que me faltaba chicha para superar esas cuestas, ja ja ja…

Cuando estábamos cogiendo el tarro de pasta vimos aparecer a David Bedia,  gran amigo, ciclista amateur y golfista profesional (director del campo de golf de Logroño) que vive allí, así que nos tomamos esa parada con mucha tranquilidad.

Después de tomar un cafecito en el bar del pueblo, salimos a la hora prevista (14:30) rumbo hacia Maeztu.

El recorrido se iniciaba por una pista sin desnivel, dejando la balsa “El Paul” a nuestra izquierda. Ciclamos de manera tranquila hasta adentrarnos de nuevo en el monte.

Sobre el kilómetro 72 entramos en una de las zonas más curiosas de toda la Eusko Bike. Es un terreno de arcilla muy blanca, con unas vistas increíbles a mano derecha.

Es un sitio totalmente desprotegido, donde el sol castiga duramente y a nivel personal…muy significativo, ya que el año pasado es donde fui consciente de que no iba a terminar la carrera.

Recuerdo las contradictorias sensaciones de vacío, derrota y paz que tuve cuando me tomaba un redbull calentorro, sentado en un montículo de arcilla blanca, mirando al vacío. Esa sensación de fracaso me ha acompañado durante todo un año.

Por suerte, en esta edición la historia ha sido totalmente distinta. Pasamos rodando como locomotoras por esta significativa zona, con mucha fuerza y un tiempo muy por debajo del que llevábamos el año pasado.

Iniciamos el complicado descenso hacia Apellaniz, para llegar como obuses a Maeztu.

Al igual que en los otros cortes, llegamos con una hora de adelanto sobre el tiempo previsto, así que charlamos con la gente de la organización, saludamos a los conocidos y aprovechamos a estirar.

Curiosamente, me encontré con Gonzalo Ochoa, el fantástico fisioterapeuta y osteópata del centro “Eskuekin” de Vitoria-Gasteiz, que suele recomponer mis maltrechas vertebras y articulaciones. Me comentó que se retiraba allí, ya que había tenido una mala caída y se había fastidiado la mano…una pena. Fijaros en la nobleza de la gente… Gonzalo, pese a estar agotado y con la malo en malas condiciones, cuando me puse a estirar, se ofreció a ayudarme e incluso echarme un vistazo. Decliné su oferta, no por falta de ganas, sino porque no quería aprovecharme de su buena voluntad. El chaval merecía un descanso.

También estuve charlando con otro chaval, que hasta el año pasado formaba parte de la organización de la EBC, pero a consecuencia de las despiadadas y destructivas críticas de algunos por parte de algunos participantes de la edición anterior, había decidido no volver a tomar parte ni montar nada más.

Es una auténtica pena ver que por culpa de algunos desaprensivos, que critican gratuitamente pruebas como ésta, se ven comprometidas. Habla es fácil, lo difícil es hacer y demostrar. Quiero dejar patente que la organización tiene todo mi apoyo, agradecimiento y admiración.

EUSKOBIKE-2014

En el avituallamiento de Maeztu, al ser un punto estratégico cercano a Sta. Cruz de Campezo, otro montón de participantes decidieron retirarse.

A las 16:45, 15 minutos por debajo de lo previsto, salimos hacia el penúltimo avituallamiento y corte de tiempo: Santa Teodosia.

Rodamos un poco por nuestro viejo conocido “Vasco-Navarro” y al atravesar el pueblo de Cicujano nos asaltó un grupo de traviesos seres del bosque, ofreciéndonos anís y paella!! Nos reímos muchísimo, ya que estas cosas son las que te hacen tener esperanza en el ser humano. Un pueblo pequeñito, con gente tan entregada hace que la sonrisa vuelva a tu cara. Desde aquí un fuerte saludo a esas increíbles personas. Gracias por la inyección de buen humor.

Abandonamos la pista para subir por Senda Sabando, desde donde volvimos a oír los gritos de la gente de Cicujano. Eso significaba que algún otro biker acababa de pasar por allí. Las risas nos duraron bastante tiempo.

La senda por la que circulábamos, no es que fuese especialmente difícil, pero sí bastante tendida y a estas alturas de la carrera, la reserva de energías se iba agotando rápidamente.

El tipo de vegetación, arbusto bajo y duro, tenía mucho peligro, por lo que rodar fuera de la estrecha trazada podía suponer un pinchazo, así que tratamos de no salirnos de ella. También destacar que es un tramo totalmente abierto, sin ninguna sombra y el sol nos castigó sin piedad.

Un descenso algo técnico nos llevó directamente al pueblo de Sabando, donde un lugareño nos pregunto a ver cuantas vueltas teníamos que dar. Le respondimos que sólo una. La segunda pregunta que nos hizo, nos llegó al alma: si es sólo una… ¿cómo es que hay tanta diferencia entre los corredores?…respuesta evidente, “algunos son muy buenos y otros…somos domingueros”, jajaja.

Yo iba bastante tocado, ya que soy alérgico al polen y eso me había ido minando poco a poco. No poder respirar bien por el fuerte dolor de pecho, me hacía ir a medio fuelle y me tenía bastante agotado (por no hablar de la soba que llevábamos encima).

EUSKOBIKE-2014

Seguimos el despiadado ascenso, por unas palas que llevaron nuestras reservas casi a 0. Menos mal que sobre el kilómetro 91 se suavizó un poco y pudimos llegar al corte de Santa Teodosia holgados de tiempo, casi una hora por debajo de lo previsto.

Nuevamente encontramos a los chicos de Vibike, dando asistencia mecánica y a la organización con un surtido avituallamiento. El viento era terrible y hacía mucho frío, por lo que no paramos demasiado.

Con los ánimos de Jorge, que me llevaba a rueda, iniciamos ascenso hacia el cresterío y después de un descenso muy complicado pero divertido llegamos a Ullibarri-Harana, donde recogimos a Emilio Nanclares, un PEB (Pro Evasion Bike) amigo e incondicional de todos los grandes “fregados”. Le había dado un pequeño corte de digestión y se iba a dar por vencido, pero al ver que yo también iba muy tocado, se animó y siguió junto a nosotros.

Nuevamente  Jorge fue el que se encargó de llevarnos a ambos a rueda, porque pese a haberme metido un gel de cafeína, las fuerzas no terminaban de llegar.

Dejamos la población de Alda a la derecha e iniciamos la subida de “El muro”, un auténtico monstruo de cemento que nos llevaría hasta el alto de El Portillo.

Superado ese último obstáculo, la moral volvió a estar alta y las fuerzas comenzaban a llegar. El descenso lo hicimos bastante ligeros, tal vez demasiado, ya que se me fue la rueda trasera en un escalón de piedra,  parando contra los arbustos. El peligro es que se trata de un sendero muy estrecho con una pared de tierra a la derecha y otra de vegetación a la izquierda, sin visibilidad y si alguien baja muy rápido, es posible que se te lleve por delante. Por suerte, detrás de mí venía Emilio, que consiguió parar a tiempo.

El segundo susto vino en la última parcela antes de llegar al sendero que va campo a través, ya que, al intentar dejar pasar a otro biker, caí en una rodera y tuve que saltar de la bici para no dejarme los piños.

Estos dos avisos, demostraban que los reflejos  y las fuerzas ya estaban bastante mermados, pero sabiendo que por delante nos quedaban solamente 6 kilómetros de llano, todo nos daba igual.

Recompusimos filas y rodamos con todo metido entrando en Sta. Cruz de Campezo, haciendo un tiempo de 13 horas y 27 minutos. Una hora menos de lo planificado inicialmente.

Nosotros somos bikers de fin de semana, por lo que tenemos claro que nunca vamos a hacer un gran tiempo. Nuestro objetivo es terminar estas pruebas en las mejores condiciones posibles y disfrutar de la experiencia, algo que conseguimos sobradamente en la EBC 2014.

EUSKOBIKE-2014

De los 444 bikers que tomamos la salida, 382 conseguimos superar los 115 km y  3810 metros de desnivel positivo acumulado y llegar a meta en el tiempo establecido. El primero en completar todo el recorrido fue Julen Zubero Aldekoa, que rompió el crono con sus 6 horas y 24 minutos. El último en entrar lo hizo con un tiempo de 14 horas y 44 minutos. En segundo lugar quedo Unai Yus Kerejeta y completo el podio Aitor Quintana Zarate.

Desde www.iberobike.com queremos dar las gracias a todas las personas implicadas en el complejo, largo y a veces poco gratificante proceso que es montar un tinglado de esta índole.

Claro está que siempre se puede hacer mejor, que hay cosas que mejorar, pero para ser una prueba tan joven como esta, lo están haciendo muy bien. Enhorabuena y gracias por brindarnos la oportunidad de vivir el auténtico INFIERNO MAROJO!

Texto: Raúl Alvarado

Fotos: Eva García Ibañez