Crónica Extreme Bardenas 2015

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Al sur este de Navarra, próximo a Tudela, se encuentra el Parque Natural de las Bardenas Reales. Declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO, sus 42.500 hectáreas de naturaleza salvaje y paraje semidesértico, ofrecen un paraje impactante difícil de igualar.

En este entorno de lujo se lleva celebrando ya durante 18 años una prueba BTT que ha puesto y pondrá a prueba a todas las personas que se atrevan a enfrentarse a ella. Estamos hablando de la Extreme Bardenas.

De la mano del Club Deportivo Ciclista Arguedano, el pasado domingo 28 de junio, tuvimos la oportunidad de vivir, sufrir y disfrutar de la mítica maratón de las Bardenas. Con un recorrido de 103,2 kilómetros y un desnivel positivo acumulado de 986m, serían los 41ºC y el polvo del desierto los encargados de hacernos sufrir en este desolado paraje.

Llegamos el sábado 27 y aparcamos la autocaravana en el área destinada para ese servicio, quedando a escasos 500 metros de las piscinas y polideportivo de Arguedas, población desde donde se inicia y termina la carrera.

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Tuvimos la oportunidad de charlar con Alfredo, presidente del CDC Arguedano y disfrutar de la amabilidad de la gente de la localidad. El ambiente ciclista fue fantástico, y un lujo poder refrescarnos y tomar algo en las piscinas, ya que los 38º que marcaba el mercurio, invitaban a ello.

Después de cenar el «menú ciclista especial», nos retiramos a la autocaravana para preparar las cosas, analizar el track y después intentar dormir algo, aunque la alta temperatura que todavía teníamos, lo hizo difícil.

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Después de una noche de casi no pegar ojo por el calor, a las 8:00 am nos acercamos a la línea de salida, donde ya se encontraban posicionados casi todos los participantes, por lo que nos tocó salir prácticamente los últimos.

Viejos conocidos cómo los Pro Evasion Bike (PEB) y algunas otras caras amigas, nos saludamos y charlamos mientras llegaba la hora de iniciar la prueba. Los 20ºC que teníamos a esas horas de la mañana, fueron un preludio de lo que nos iba a esperar durante esa jornada.

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Una traca de petardos dio inicio a la 18ª edición de la Extreme Bardenas. Por el gran volumen de gente, nos costó unos minutos conseguir cruzar el arco de salida, pero enseguida pudimos encalar y meter tensión a la cadena.

Los primeros kilómetros fueron llanos por la carretera que une Arguedas con Valtierra, por lo que recuperamos todas las posiciones que nos fueron posibles, aún así no nos libramos de algunos tapones que se formaron en las primeras rampas.

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Librando de chiripa algunas caídas desafortunadas, llegamos al alto de Nuestra Señora del Yugo, donde pusimos rumbo hacia el Centro de Interpretación de la Naturaleza, donde nos esperaba el primer avituallamiento (km 27).

Este primer tramo fue bastante rápido y con mucho polvo, por lo que en un par de ocasiones tuvimos que extremar la precaución para no tener una mala caída ni chocarnos con ningún participante.

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Después de empujar con un par de Aquarius los kilos de polvo de la garganta, salimos como cohetes en dirección hacia el Castildetierra, el monumento más significativo y seguramente el más fotografiado del desierto Navarro.

Manteniendo una buena media atravesamos el cuartel militar, pero poco después, decidimos deshacer el equipo «hellbikers», ya que Jorge está todavía convaleciente de una ciática y no se encontraba de forzar mucho la máquina.

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Rodando a unos 30km/h llegué junto a Javi (PEB) al segundo avituallamiento, situado en el kilómetro 39. Era solamente líquido, pero vino bien para no consumir en exceso el agua del CamelBak.

Pese a llevar dos semanas con una fuerte tendinitis en el tobillo derecho, producto de la dura Eusko Bike Challenge, me veía con fuerzas como para seguir manteniendo ese ritmo, así que me lancé a por el siguiente tramo, el avituallamiento del kilómetro 50 (entrada al Caldero), pero llegué bastante entero, así que no me detuve.

Hasta ese momento había estado soplando algo de viento, por lo que el calor había sido llevadero, pero de repente paró…y un infierno de calor calló a plomo sobre todos nosotros.

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Un par de mareos leves me hicieron levantar el pie del acelerador y dejar la velocidad de crucero en 20 km/h, tomándome las rampas de subida con muchísima tranquilidad. De esta manera conseguí llegar en buena forma al avituallamiento situado en la Bajada de las Yeguas.

Además de haber sólido y líquido, para mi sorpresa vi unas camillas de masaje!!. Había algunas disponibles, así que me tumbé para recibir un agradable «clapping» para soltar un poco las piernas. Después de hacer unos estiramientos para descontracturar la espalda seguí con la carrera.

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El tobillo empezó a molestarme bastante, regalándome un dolor bastante agudo a la altura de la articulación, así que me aproveché de algunos pelotones para ir avanzando sin desgastarme demasiado. Cómo soy una persona educada, además de dejarme llevar, también di los relevos, tirando de varias hileras de participantes.

En este tramo tuve la ocasión de charlar con algunos participantes e incluso con algún seguidor de mis desventuras en este mundo de la bici de montaña.

Tras una escalada sofocante, suavizada por los ánimos de la gente que estaba allí apostada, llegué al kilómetro 84 (El Plano), donde había un avituallamiento líquido. Aproveché para hidratarme bien y rellenar un poco el CamelBak, el cual iba ya un poco seco.

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Poco antes de llegar al avituallamiento de Landazuria (km 91), me encontré con Emilio Nanclares (PEB) al cual le habían atacado unos calambres. Rodé con él hasta la zona de descanso y le di un gel con magnesio. Yo también aproveché para tomarme otro, pero con cafeína, ya que el desgaste por el calor me estaba haciendo meya.

Rodamos juntos unos kilómetros y cuando vi claro que podría terminar la prueba sin problemas, volvía subir un poco el ritmo.

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En el kilómetro 94 me tuve que enfrentar con un sol de justicia a la misma cuesta que había bajado con tanta alegría al inicio de la prueba, la que va a la Ermita de Nuestra Señora del Yugo.

Es una pala vertical, polvorienta, metida en un cañón que no da opción a la menor brizna de brisa, pero los ánimos que inyecta toda la gente allí apostada, vale más que cualquier producto que podamos tomar para aumentar la energía.

Entre aplausos y gritos de ánimo del tipo «aúpa ese diablillo!!», llegué a coronar esa infernal subida. Cuando me ofrecieron un botellín de agua, lo único que se me ocurrió hacer, fue echármelo por encima, para tratar de aliviar un poco la tremenda sofoquina.

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De ahí nos dirigieron hacia Senda Viva, donde atravesamos el parque de atracciones de la Naturaleza para poco después coger unas rápidas bajadas de cemento que nos llevaron directamente a Arguedas.

Pasamos junto a la rivera que está al lado del área de autocaravanas y seguido enfilamos hacia la meta, la cual la crucé en un tiempo bruto de 5h 05m. Mi compañero Jorge la atravesó 13 minutos después de mí.

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A la llegada nos regalaron un estupendo menú de pasta y una barra libre de cañas, agua y refrescos que nos ayudaron a reponernos completamente.

He de dar las gracias a Orbea por haberme cedido la Oiz M20 para esta  prueba, un auténtico pura sangre que me permitió volar por el recorrido, haciendo un tiempo decente, pese a las lesiones que arrastraba.

Intentamos lavar las bicis, pero solamente había una máquina de lavado a presión y la cola era considerable, por lo que decidimos guardar las bicis, ducharnos e ir a disfrutar de la piscina, ya que nos lo habíamos ganado.

Más tranquilos, pudimos volver a hablar con Alfredo, el presidente del CDC Arguedano, a quien le transmitimos nuestra enhorabuena por lo bien organizado que ha estado todo. Aplaudo y felicito la política de no abrir la prueba a más de 1.500 participantes, ya que es un volumen de gente adecuado a las infraestructuras y al estilo de marcha.

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Me da pena ver cómo hay participantes que siguen tirando los geles o los botellines de agua en cualquier lugar, haciendo de ciertas zonas auténticos vertederos improvisados. No hay nada que justifique esta actitud de desprecio por un entorno tan privilegiado. No cuesta nada depositar los desperdicios en los múltiples espacios destinados para ese fin.

Menos mal que la gente de la organización si tiene la conciencia y el compromiso que les falta a otros y dejan todo el recorrido limpio y recogido el mismo día de la marcha.

Gracias a todas las personas implicadas en esta espectacular prueba, que se sacrifican para que nosotros podamos disfrutar.

!!Nos vemos el año que viene en de nuevo en Arguedas!!