Crónica Euskadi Extrem 2015

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La Euskadi Extrem se trata de una marcha BTT no competitiva que surgió hace ya 7 años con una clara intención, la de ir recorriendo y dar a conocer Euskadi en bicicleta de montaña.

Las 5 primeras ediciones fueron de dos etapas, pero el año pasado el formato cambio, cogiendo mayor popularidad ya que la gente perdió el miedo al vértigo que producía ver esas kilometradas y desniveles.

Al igual que en la 6ª edición, la de 2015 se ha centrado en el territorio alavés, con inicio y final en la capital, Vitoria-Gasteiz.

Sobre las 10:00am nos acercamos a la Plaza de los Fueros a recoger los dorsales, la bolsa del corredor y firmar en el control de firmas. El ambiente que se respiraba allí era increíble, podría tratar de explicarlo, pero dudo que llegase a transmitir la mezcla de nervios, emoción y ganas que uno vive en una prueba de esta magnitud.

A las 11:00am, sin un solo segundo de demora y a ritmo de AC/DC, dio comienzo la marcha. El volumen de participantes hizo que tuviésemos que caminar un poco, pero en cuanto cruzamos el arco de salida, comenzamos a rodar a un ritmo frenético, lo cual le pasaría factura a más de uno.

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Nosotros somos ciclistas de la zona, por lo que conocíamos bien lo que nos venía encima. Aún así, nos vimos arrastrados por la masa, rodando a un ritmo más alto del recomendado.

La primera parte discurrió por la Vía-Verde creada por el antiguo trazado del Tren Vasco-Navarro. Este primer tramo engaña mucho, ya que es un falso llano en el cual vamos cogiendo metros de altura sin darnos cuenta.

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Sobre el kilómetro 15 la cosa se empezó a poner seria, ya que las cuestas del 22% que hay en el Puerto de Guereñu, puso a más de un participante en su sitio.

Después de unos kilómetros de sube-bajas y con unos 600m de desnivel acumulado en las piernas, llegamos a Onraita-Erroeta que, con sus 962m de altitud, es el pueblo más alto de Álava.

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A través de parcelarias llegamos a Róitegi-Erroitegi, pueblo que dejamos a nuestra izquierda para adentrarnos en una pieza y después meternos de cabeza en el Barranco de Igoroin, una de las joyas naturales desconocidas de Álava, fruto de la acción milenaria del río Igoroin.

El desfiladero es uno de los pasos a los que yo tenía más miedo, ya que lo conozco bien y es peligroso si se baja con presión. El estrecho sendero, roto en algún tramo, la vegetación y las rocas que afloran en medio del camino hacen de ese sendero un sitio tan bello cómo peligroso.

Por suerte los participantes se comportaron con educación y respeto, por lo que no hubo que lamentar ningún susto.

A causa de la frondosa vegetación, no fue posible hacer el barranco completo, sino que salimos por Musitu para retomar el GR un poco más adelante, una medida muy bien tomada por parte de la organización, ya que unas semanas antes yo había estado merodeando por la zona y tuve que salir escalando la ladera del desfiladero.

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Terminado el sendero, retomamos la marcha por la carretera hasta llegar nuevamente al Vasco-Navarro.

Una vez en Maeztu pudimos echar un poco el freno y comer algo en el primero de los bien surtidos avituallamientos que nos tenían preparados.

La semana anterior a la prueba el tiempo había sido frio y lluvioso, pero ese sábado el sol había decidido visitarnos y ya comenzaba a calentar, por lo que el cortavientos y los manguitos nos empezaban a sobrar.

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Una red de parcelarias nos llevaron hasta el pueblo de Apellániz-Apiñaniz y de ahí a una despiadada cuesta con un 25% de desnivel!

Superado ese tramo maldito llegamos a la famosa Senda del Cartero, otro tramo similar al del Barranco de Igoroin, pero más despejado y cuesta arriba.

La ladera del monte San Cristóbal es otro de los puntos que más miedo me daba, ya que es fácil pegar un traspiés y caer por una ladera sin nada de vegetación, lo que significa que no hay nada a lo que agarrarse. Por suerte, una vez más , la gente se comportó con educación y nadie sufrió ningún percance.

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Superado el tramo «malo», seguimos por el borde del cortado para coger una pista ancha por la que «volamos», atravesando Arluzea y Marquinez, donde nos esperaba la Pasta-Party.

A estas alturas, las piernas habían recibido bastante castigo y los 1200m de desnivel acumulado en esos 50km regalaron una buena ración de calambres a muchos de los participantes.

Tomamos unos plátanos, algo de bebida isotónica y seguimos con nuestro camino, ya que no es recomendable parar demasiado, sobre todo con un trazado de esas características, donde enfriarse puede significar el final.

Sin mucha dificultad seguimos uniendo caminos hasta llegar a Sáseta, pueblo donde comenzamos el ascenso del Barranco de Okina, un trazado de extrema belleza que termina en el pueblo del mismo nombre.

Tres kilómetros más por carretera e iniciamos un zigzagueante descenso entre árboles y roderas por el puerto de Okina.
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Ya os he comentado que la semana anterior había llovido y esa es una zona donde el barro está presente casi todo el año, por lo que no fue extraño encontrar alguna trampa de barro que otra, de hecho, al atravesar un pozo la bici se me hundió hasta la pipa de dirección, cayendo en un puré de lodo. Era tal la profundidad, que estiré el brazo para parar la caída y me hundí hasta medio cuerpo!!!

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Unas risotadas después conseguimos llegar sanos y sucios al avituallamiento del corte que había al final del camino, donde me dieron papel y Sanitol para poder limpiarme, ya que del barro que tenía encima era incapaz de sujetar la bici sin que se me escapara de las manos.

Una serie de duros senderos nos llevaron hasta el alto del monte Palogán (1029m) y cómo todo esfuerzo tiene su recompensa, el trazado nos regaló el precioso descenso por los famosos «Tubos», una zona tan rápida y bien peraltada que parece un bikepark.

Nuevamente una pista nos acercó a Castillo y de ahí a Olarizu, donde bajamos por el sendero que hay detrás de la cruz.

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A partir de ahí enlazamos con el carril bici de la Green Capital hasta llegar a la misma plaza de donde habíamos partido, convirtiéndonos en fihishers de la Euskadi Extrem 2015.

La conclusión es que en esta 7ª edición, pese a haber perdido el formato de dos días que la hizo tan popular, ha recuperado el prestigio que los más puristas le habían querido quitar a una marcha, donde el enorme despliegue de medios y recursos hacen que te sientas todo un profesional.

No voy a entrar en datos cómo quién ganó la prueba, ya que en mi opinión, ganamos todas las personas que tomamos la salida, disfrutando de un gran día, por un entorno de lujo.

Desde Iberobike queremos dar las gracias tanto a la organización cómo a todas las personas voluntarias que nos regalaron ese fantástico día de auténtico BTT.

No quisiera terminar el artículo sin manifestar mi malestar ante la cantidad de envases, botellas, botellines y demás residuos abandonados por el camino durante la prueba. Es una auténtica contradicción denominarse amante de la naturaleza y después hacer semejante cochinada.

Algún día nos prohibirán andar en bici por el monte o no darán, los ya difíciles de por sí, permisos para organizar un evento de este tipo por Parques Naturales y nos lamentaremos de verdad.

Espero que entre todos y todas consigamos corregir esto y podamos seguir disfrutando de nuestra pasión por muchos años!

Fotos cedidas por QuieroMisFotos.com