Así fue nuestra IV Orbea Gran Fondo Vitoria-Gasteiz 2019

V Orbea Gran Fondo Vitoria-Gasteiz 2019_14

En la capital vasca de Vitoria-Gasteiz y desde hace cuatro años ya, se celebra una prueba de ciclismo de carretera que se ha ganado un sitio entre los aficionados y aficionadas a las bicicletas de carretera de ruedas finas, la Orbea Gran Fondo Vitoria-Gasteiz.

Siempre he sido defensor a ultranza de las pruebas MTB, hablando pestes de las de carretera, pero por casualidades de la vida, el año pasado tuve la oportunidad de correr la 3ª edición de la Orbea Gran Fondo Vitoria-Gasteiz y desde entonces me he tenido que comer mis palabras.

Adicto a esta prueba de asfalto, en el mismo momento en el que abrieron las inscripciones formalicé la mía, ya que no quería perderme la oportunidad de volver a vivir el espectáculo que supone la prueba de Orbea.

Como compañero de aventuras,esta vez invité a una joven promesa del ciclismo y amigo mío, Sergio Blanco, a quién parasitaría su fuerza, juventud y experiencia chupándole rueda durante los 180km y casi 3200mD+ que tiene el recorrido de la GF.

Después de haber recogido los dorsales el día anterior, el sábado 25 nos colocamos en el cajón asignado y a golpe de cohete, arropados por aplausos, gritos de ánimo y un ambientazo de miedo pusimos en marcha la maquinaria ciclista.

Cientos de clack, clack, clack, al unísono indicaba que aquello ya no había forma de pararlo.

Rodando con mucha precaución, dejamos atrás la ciudad y pusimos rumbo hacia el Puerto de Vitoria, la primera tachuela del día.

Chispeaba, el suelo estaba mojado y hacía fresco, así que rodamos ligeros pero con mucha precaución.

Sergio me echaba un poco la bronca porque rodaba un poco por encima de lo sensato, pero bueno…si algo nos caracteriza a los ciclistas de montaña es que estamos un tanto asilvestrados.

Entre risas y una velocidad de vértigo llegamos a Peñacerrada y le plantamos cara al Puerto de Rivas, el primero de los tres tramos cronometrados.

La niebla se nos echó encima y el famoso sirimiri, que garantiza el verde en los montes vascos, apareció.

Sergio lo dio todo en la subida a ese puerto, pero yo me lo tomé con más calma, así que después de reunificarnos arriba, abandonamos la Montaña Alavesa para poner rumbo hacia la Rioja Alavesa.

Zigzagueamos por las serpenteantes carreteras de Rivas de Tereso, Ávalos y con una media de Tour de Francia llegamos a Samaniego, localidad donde se encontraba el avituallamiento previo al terrible Herrera, un puerto de 2ª categoría con grandes probabilidades de que se nos hiciera bola a más de uno.

Con la sabiduría que te da la experiencia y conocer la prueba de antemano, no nos paramos demasiado en el avituallamiento y nos acercamos a los pies de Herrera con mucha precaución y bajando pulsaciones.

La media de desnivel en ese puerto ronda el 12%, con algunas herraduras que se van hasta el 16%, así que lo habitual es meter la cabeza abajo y no perder la rueda de vista hasta coronar, pero a mí siempre me gusta deleitarme de las vistas que me rodean y gracias a la vista abalconada que ofrece el puerto de la Rioja Alavesa, la penuria se me hizo mucho menos tediosa.

Coronado el reto más exigente de la jornada, bajamos como cohetes de nuevo hacia Peñacerrada, pero esta vez girando en dirección hacia Lagrán.

Cubiertos por una fina capa de hielo, a causa del granizo fino que nos vino a visitar, llegamos al avituallamiento apostado en Bernedo.

Conocedores del cuestorrón que nos venía a continuación, el tramo cronometrado del Puerto de Bernedo, en lugar de comer, nos chutamos un gel y para arriba.

Inicié el ascenso con menos “furia” que los anteriore, digo inicié, porque Sergio salió un poco antes que yo para disputar la Cronoescalada, algo que a mí me queda tan lejos como grande.

La temperatura no terminaba de levantar, pero al menos al movernos por la cara sur de la montaña alavesa, el viento no era tan acusado y la sensación térmica más llevadera, eso sí, el sirimiri no nos terminaba de abandonar.

Cogimos dirección Meano, Yécora y poco después de Oyón, volvimos a disfrutar de un bien surtido avituallamiento, gracias al cual cogimos fuerzas para el trazado rompepiernas, rebautizado como “los Tobagones”, que abarca desde Moreda de Álava hasta Barriobusto.

Haciendo pequeños grupos, volvimos a cruzar Meano para volver a Bernedo, pero esta vez por Lapoblación.

El Alto de Aguilar nos regaló un divertido descenso hasta Marañón; después un falso llano y de nuevo en Bernedo, pero esta vez nos amotinamos al jefe de filas, Sergio y paramos a comer.

Faltaban unos 10 minutos para que repusieran de nuevo la pasta, así que aproveché para estirar la espalda y cambiar un poco de posición, ya que no estoy acostumbrado a tantas horas en posición “carretero”.

De nuevo en la cara norte de la ruta, Eolo quiso ponernos las cosas un poquito más difíciles y las fuertes rachas de viento nos obligaron a recogernos al abrigo de grupos más grandes.

Ya he comentado al inicio de la crónica que soy ciclista de montaña y no estoy acostumbrado a estas cosas de las ruedas finas, pero me resultó poco menos que asombroso tener la sensación de ir parado, pero hacer saltar los radares de velocidad a 42km/h. ¡Qué cosas, oiga!

Saltando de grupo en grupo, y parasitando a las pobres almas que tiraban de cada uno de ellos llegamos al último reto del día, el Zaldiaran, un puerto ampliamente conocido por nosotros ya que por una razón u otra, siempre acabamos volviendo por ahí después de una larga jornada de bici.

En teoría la Orbea Gran Fondo Vitoria-Gasteiz terminaba ahí, pero hasta no cruzar el arco de meta situado en el lugar de la salida.

Finalizando con un tiempo total de 7h55m, conseguimos entrar en la categoría plata y mejorar en 1h nuestra marca del año anterior.

Una vez más, me retracto de mis palabras y me declaro fan de la Orbea Gran Fondo Vitoria-Gasteiz, ya que pese a ser una prueba de carretera, tiene todo el encanto de una prueba de Mountain Bike.